Comparación Inquietante

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Por Jorge Raventos*

La Argentina clausura el mes de enero con el vicepresidente Amado Boudou a cargo del Poder Ejecutivo. La señora de Kirchner viaja a China y en la Casa Rosada ansían que su ausencia permita cambiar el clima pesado en el que el oficialismo ha estado sumido durante las últimas semanas. ¿Será suficiente?

Es que el gobierno no ha conseguido recuperar el equilibrio, averiado desde que Alberto Nisman presentó el 14 de enero la denuncia que atribuye a la Presidente y al canciller Héctor Timerman la decisión deliberada de encubrir a los imputados del más brutal atentado terrorista sufrido por la Argentina. La inmediata muerte dudosa del fiscal agravó las cosas. Antes de que la Presidente decidiera presentarse (en silla de ruedas y toda de blanco) por la cadena nacional con un mensaje grabado habían transcurrido doce días desde la denuncia y ocho desde que Nisman fue encontrado en su departamento con una bala en la cabeza.

Acción y silla de ruedas

A esa altura la señora había asegurado a través de las redes sociales que el fiscal había tomado "la terrible decisión de quitarse la vida" (18 de enero) y también todo lo contrario (22 de enero): "Estoy convencida de que no fue suicidio". Ambas conclusiones fueron presentadas como "certezas", aunque "sin evidencias" (hubiera sido difícil contar con pruebas para sostener las dos conjeturas al mismo tiempo).

La hora de televisión que la señora de Kirchner empleó el lunes 26 fue el intento (demorado) de demostrar que la presidencia no es un holograma.

Esa presentación, en cualquier caso, no ofreció ni la compasión ni las respuestas que la sociedad esperaba oír. Más bien se asistió a una siembra de insinuaciones impropias y de sospechas que pronto mostraron ser tan infundadas como las creencias anteriores. También quedó claro el deseo de mostrar a la Presidente en acción, para neutralizar la imagen de inmovilidad política expuesta en las largas jornadas posteriores a la denuncia del fiscal.

La presidente decidió disolver el servicio de inteligencia (SI) y crear en su lugar la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), trasladando todo el personal del primero a la segunda. También dispuso entregar el control del espionaje telefónico a la Procuraduría que conduce la militante kirchnerista Alejandra Gils Carbó. Una garantía de objetividad.

Todo el país pide una reforma a fondo de los servicios de inteligencia, pero no parece que esta decisión intempestiva, abrupta y sin un previo intercambio con otras fuerzas políticas y otras miradas institucionales (la de la Justicia, por caso) pueda viabilizar un cambio eficiente, sustentable y duradero. Más bien luce como el intento de un gobierno que pretende asegurarse el control sobre palancas de vigilancia y poder más allá del cercano epílogo de su período.

Además, la Señora nominó de inmediato para integrar la Corte Suprema al joven abogado Roberto Carlés, de 33 años, que aunque no tiene experiencia alguna como juez, es un protegido del recién renunciado Eugenio Zaffaroni y ha distribuido un curriculum con antecedentes engañosos. Ante esas cualidades, no habría que desestimar que la mera nominación sea ya un premio suficiente para Carlés y que el gobierno procure en definitiva proyectar algún candidato más
potable (digamos: León Arslanián).

Batalla naval

Al día de hoy el oficialismo no cuenta con los dos tercios del Senado que se requieren para tratar la propuesta del Ejecutivo. La nominación fue un gesto más para mostrar que la Presidente no quedó paralizada por el affaire Nisman. "Averiada, pero no hundida", se jactó la señora de Kirchner ante los suyos el viernes 30.

Estos signos de acción y obstinación no han mejorado la atmósfera. La imagen de la señora de Kirchner ha caído notablemente y ocho de cada diez personas da crédito a la denuncia de Nisman. Si bien también ocho de cada diez coinciden con la (última) convicción de la señora de Kirhner en cuanto a que el fiscal fue víctima de un asesinato, la mayoría responsabiliza al gobierno por el crimen.

La Presidente no quiso partir al Oriente sin vigorizar el espíritu de quienes la sostienen. A los gobernadores, que todavía no terminaron de digerir el documento del PJ que la Casa Rosada les hizo firmar una semana atrás, los compensó con la refinanciación de las deudas provinciales: un alivio, apenas. Las cosas más fuertes -las que tienen que ver con lo electoral, por ejemplo- quedan para cuando la señora haya vuelto de Beijing.

A la muchachada camporista se la tranquiliza con menos esfuerzos: ellos están convencidos de que la Presidente y su hijo les cuidan los porotos, les abren cancha y vacantes en el presupuesto y hasta les permiten jugar al carnaval en las fuentes de la Casa de Gobierno.

En cuanto a los intelectuales y artistas del palo K, en otros momentos tan vocingleros, la Señora intuye ahora su discreto repliegue o su falta de nervio y compromiso (una excepción: Horacio Verbitsky, que está gastando su propio capital). La craneoteca de Carta Abierta está de vacaciones y sin estampillas. Una de sus plumas más barrocas, el ahora Secretario de Planeamiento Estratégico del Pensamiento Nacional, Ricardo Forster, no pudo pergeñar ninguna idea original para defender a su gobierno ante el caso Nisman, y tuvo que reurrir al plagio: no copió a ningún sabio de la Escuela de Frankfurt, sino al jefe de gabinete Jorge Capitanich y dijo que la denuncia del fiscal "se construyó para generar todo este clima de desasosiego, de bronca, en un verano que parecía muy tranquilo, con un fin de año que fue el mejor de los últimos años". El de Capitanich no habrá sido un pensamiento muy sofisticado, pero al menos él lo lanzó primero, tempranito por la mañana y cuando el resto del oficialismo se había disfrazado de árbol.

En fin, el gobierno, con el poder formal sobre todos los instrumentos del Estado, no puede demasiado. Sobre todo, no puede restaurar su relato como una narración  medianamente convincente y ve cómo su legitimidad política se va deshilachando, cómo su nave se inclina.

"Es como en la batalla naval", resumió la Presidente.

Comparación inquietante, si se quiere.


 

 

* Periodista argentino. Estudió sociología en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Fue directivo de varias revistas en Argentina y ejerció la docencia en las carreras de Ciencias Económicas y Sociología y en el Instituto de Formación Política de La Plata. Se desempeñó como asesor de comunicación de la Confederación General de la Industria y de la Unión Industrial Argentina y consultor de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI). Fue vocero de la Cancillería Argentina (1992-1999). Actualmente es editorialista Político en el diario La Capital de Mar del Plata.

 

 


 

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