Acertar El Nobel De Literatura, Más Difícil Que Encontrar Una Aguja En Un Pajar

Acertar el nombre del Premio Nobel de Literatura, que será anunciado el jueves, es más difícil que encontrar una aguja en un pajar. Hay plétora de candidatos pero ningún indicio sobre el nombre del afortunado escritor. El suspense se mantiene hasta el último minuto, para gran regocijo de las casas de apuestas.

"El Premio Nobel de Literatura es una competición un poco misteriosa. Cada uno quiere el prestigio de haber adivinado el nombre del ganador", confía Jonas Nilsson, responsable de comunicación del sitio de apuestas Unibet Suède. Los observadores más perspicaces ni siquiera se animan a lanzar un pronóstico.

"Lo cierto es que a la Academia Sueca (que designa al galardonado) le gusta sorprender", dice a la AFP Gustav Källstrand, conservador en el Museo Nobel, que estalla de risa cuando se le pregunta cuál es su favorito.

"Es imposible decir quién será el galardonado este año. Hay más de cien autores posibles, incluso más", resume por su parte Madelaine Levy, crítica literaria del diario Svenska Dagbladet. El método de la Academia no varía desde que se instauró el premio en 1901. En febrero, ésta establece la lista de todas las candidaturas que ha recibido y en mayo la reduce a cinco nombres.

Durante el veranos los miembros de la Academia estudian escrupulosamente la obra de los cinco candidatos para finalmente elegir al ganador, cuyo nombre se conoce en los primeros días de octubre.

En medio de tanta incertidumbre, los expertos analizan las tendencias de los últimos años con la esperanza de establecer algunas pistas como, por ejemplo, que Europa está sobrerrepresentada.

"Últimamente la Academia tendió a interesarse en los autores que auscultan la identidad europea posterior a la shoah" y "también en los que exploran las huellas del colonialismo", considera Björn Wiman, director de las páginas culturales del diario Dagens Nyheter.

En ese contexto, Levy "imagina que el premio no será para un sueco, tan poco después de Tomas Tranströmer (galardonado en 2011), ni tampoco para un francés después de Modiano" en 2014.

Sin embargo, Jens Liljestrand, crítico literario del diario Expressen, considera que el criterio geográfico es ajeno a la Academia. "No es como designar la ciudad que va a acoger los Juegos Olímpicos, donde el comité dice: +este año le toca a África+", comenta Liljestrand.

Sin embargo, en los medios culturales suecos se dice que estaría bien recompensar a un escritor africano, como el keniano Ngugi wa Thiongo, el somalí Nuruddin Farah y el nigeriano Ben Okri.

Otra posibilidad es que un escritor de Estados Unidos reciba el premio, terminando con varios años de una penuria "completamente incomprensible", opina Liljestrand. El último galardonado estadounidense, en 1993, fue la novelista Toni Morrison. "La Academia ha manifestado cierta aversión en relación a la literatura estadounidense", "personalmente, no protestaría si (Philip) Roth u Oates fueran recompensados", dice Wiman.

Más allá de las consideraciones geográficas, la muy feminista Suecia otorgó este premio sólo a 13 mujeres sobre 111 laureados desde 1901. "Durante mucho tiempo ser un hombre mayor era una ventaja. La Academia no reflexionaba sobre esa problemática: la desigualdad de género", destaca Madelaine Levy. "En los últimos diez años, las estadísticas, que todavía no son satisfactorias, muestran una sensible mejora" lo "que demuestra una toma de conciencia", agrega Levy.

"Últimamente ha sido designada una mujer cada tres años. Están más atentos a eso", dice Jens Liljestrand. La preferida de las apuestas es la bielorrusa Svetlana Aleksievitch, una candidatura consistente, tanto más cuanto que "su obra está en la frontera del reportaje y la novela, un género que no ha sido recompensado", destaca Wiman.

Los candidato son...

Ya hemos perdido la cuenta de las veces que Haruki Murakami, 'bestsellero' galáctico con legiones de seguidores, y selectos detractores, perseguidor de triángulos amorosos imposibles, y de gatos, se ha quedado en el banquillo sin jugar ese jueves de la primera semana de octubre en que se elige el premio Nobel de Literatura. Todos los años, la casa de apuestas británica Ladbrokes lo sitúa entre los primeros aspirantes, los 'groupies' contienen la respiración, sus enemigos razonan que se trata de la única semana del año en que se permite el lujo de sentirse escritor
de verdad... y luego nunca pasa nada.

En este momento, el autor de 'Tokio Blues' se paga 6 a 1 en la segunda posición de Ladbrokes. A la primera se aúpa otra habitual paseante en cortes en las cábalas del Nobel bastante más humilde, la periodista biolorrusa Alexijevich (5/1). Su obra más conocida, 'Voces de Chernóbil' (Debolsillo, 2015) es un hipnótico reportaje de largo aliento sobre los pueblos arrasados en la peor catástrofe nuclear de la historia. El tercero en el podio es otro de esos desconocidos de 'provincias' que gustan a los académicos suecos: el keniata Ngugi Wa Thiong'o (7/1). Hasta ahora no contaba con traducciones al castellano pero los avispados de Penguin Random House anuncian la inminente publicación en el sello Debolsillo de su novela 'El brujo del cuervo' y del ensayo 'Descolonizar la mente'. Llegarán a librerías... adivinen: el mismo 8 de octubre en que la Academia sueca anuncia el galardón.

La historia de Wa Thiong'o es cruel. En 2004, a su regreso a Kenia tras 22 años de exilio, fue atacado junto a su esposa por cuatro tipos con machetes. A ella la violaron delante de él. A él le quemaron la cara.

Y a partir de la cuarta posición -Philip Roth- empieza la bueno, la deuda pendiente, la injusticia que no cesa. Hace más de 20 años que un estadounidense no abre el baile de honor el 10 de diciembre en Estocolmo ante la atenta mirada de la familia real sueca. La última fue la afroamericana Toni Morrison en 1993. La mejor literatura del mundo apelotona inmejorables postulantes (DeLillo, Pynchon, ¿Bob Dylan?) mientras lánguidos escritores franceses (Modiano el año pasado) se saltan la cola sin contemplaciones. Son todos muy mayores, no les queda mucho tiempo y, si uno de ellos lo recibe, ningún otro lo tendrá. Roth queda ya más allá del bien y del mal así que tanto da que se lo den o no. Incluso tal vez sería contraproducente premiarlo a estas alturas pues mejoraría injustamente la media de las últimas temporadas.

La quinta de la lista es la también norteamericana e hiperprolífica Joyce Carol Oates. Escribe casi tanto como César Vidal pero con la calidad de Virginia Woolf. Lo último llega este mes a España de la mano de Alfaguara: 'Mágico, sombrío, impenetrable'. Otra candidatura que cobró cierta fuerza en las últimas semanas es la de la estadounidense Ursula Le Guin, pero su elección implicaría que la Academia se convierta a la ciencia ficción, un género que sigue suscitando la desconfianza de la aristocracia literaria.

La lista de apuestas de Ladbrokes continúa: el novelista británico John Banville, el dramaturgo noruego Jon Fosse, el poeta sirio Adonis (con muchas cartas este año por obvias razones geoestratégicas), el también lírico coreano Ko Un, el escritor austríaco Peter Handke y el israelí Amos Oz, que este mes publica en España su última novela: 'Judas'.

El primer escritor en castellano, el sorprendente argentino César Aira, lo encontramos en el piso 14. Los primeros españoles, Eduardo Mendoza y Enrique Vila-Matas, por encima de la planta 30. Desengáñense: el Nobel de Vargas Llosa está demasiado reciente. Y esto no es Francia.

En cualquier caso, si el Nobel de Literatura vuelve a defraudarles, consuélense recordando que, asolado por los remordimientos, el dinamitero Alfred Nobel introdujo una peculiaridad envenenada en su mítico testamento de 1895. Los Nobel de Física, Química, Medicina y Paz (el de Economía no lo es exactamente) señalarían a quienes ofrecieran "el mayor servicio a la humanidad". Pero solo el de Literatura especificaba que también debía premiarse a quien escribiera lo mejor "en sentido ideal". Las interpretaciones sobre lo que significaba ese "ideal" en Literatura para el señor Nobel han condicionado las deliberaciones.

Entre 1901 y 1919, la Academia entendió la exigencia de un premio de Literatura "ideal" en el sentido conservador y clasicista del XIX. Así, una institución reaccionaria y miope entrega los primeros Nobel de Literatura a Prodhomme, Sienkiewicz, Kipling o Echegaray. Ni Ibsen, ni Zola, ni Tolstoi. Más tarde esquivaría también a Proust, Kafka, Joyce, Nabokov y Borges. Tela. Cuando el apolillado dramaturgo Echegaray se alzó con el premio en 1904, el 98 y la vanguardia se levantaron en armas contra él. Hoy nadie le recuerda.


 

 

Fuente:noticias.lainformacion.com y www.elconfidencial.com

 

 


 

Escribir un comentario

IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.
La publicación de los mensajes se dará luego de ser verificados por un moderador.


Banner
Banner
Banner