El Pachinko, Un Nuevo Recurso De La Mafia Japonesa Para Lavar Dinero

En el distrito de Ginza, Tokio, Japón, existe un club privado bañado en luces de neón donde hombres de trajes a rayas y mujeres vestidas de cóctel se reúnen para beber, fumar y jugar cartas después de una larga jornada de trabajo. En los rincones más oscuros del club, pueden observarse grupos arracimados de hombres que hablan en voz baja, envueltos en el humo de los cigarrillos. Todo este escenario se encuentra rodeado por el incesante repiqueteo de las máquinas de Pachinko que se encuentran en un salón del primer piso del exclusivo club.

El Pachinko se convirtió en uno de los juegos obsesivos de los japoneses, el cual consiste en una máquina tragamonedas cuyo sistema de juego es muy parecido a los tradicionales pinballs, pero de tamaño mucho más reducido. El juego consiste en ganar la mayor cantidad de bolas posibles y muchas veces esto requiere que el jugador se dedique varias horas al día. Si bien la ley japonesa prohíbe los juegos de azar por dinero y los premios del Pachinko se canjean por cajas de caramelos, es bastante habitual que se cobren algunos yenes por cada bola que el jugador obtenga.

En este salón, como en muchos otros de Tokio y de otras ciudades japonesas, es muy común ver entre los jugadores habituales, jóvenes que rinden pleitesía a hombres de avanzada edad y muchos con sus meñiques vendados o cercenados, evidente señal de arrepentimiento dentro de la Yakuza, la mafia japonesa. La relación entre la Yakuza y los salones de este juego se incrementó en los últimos años, debido a la popularidad con que cuenta. Se cree que el Pachinko es altamente adictivo y sumado a la pasión por los nipones sobre todo tipo de juegos, el tema se puede convertir en un verdadero flagelo si no se reglamenta con leyes claras.

Existen datos de casos que las personas se enviciaron tanto con el juego, que tocaron fondo y perdieron todo lo que tenían. Koji Furukawa, un residente de Tokio de 45 años, se dedicó a jugar todos los días durante 20 años, hasta que empezó a gastar más dinero del que ganaba. Entonces pidió un préstamo de 1,5 millones de yenes para cubrir sus deudas, pero no pudo pagar sus obligaciones. Así, comenzó a robarle a la empresa para la cual trabajaba hasta que los descubrieron, y si bien sus jefes no presentaron cargos, perdió su empleo.

El negocio es de por sí enorme. Los 17 mil salones de Pachinko que funcionan actualmente en Japón recaudan cerca de 28 mil millones de dólares al año y son uno de los sectores de inversión más atractivos de la actualidad. La falta de regulación está siendo materia de debate en los grupos económicos japoneses ya que, por un lado, existen empresarios dispuestos a una regulación que cree reglas
claras y, por el otro, están las mafias japonesas y coreanas u otros grupos delictivos, que ven en este negocio una gran oportunidad para recaudar y blanquear divisas.

La relación entre la Yakusa y el Pachinko se cree que una estrategia de los grupos delictivos para conseguir nuevos nichos de negocios que reemplacen, entre otros, a las trampas y arreglos en las carreras de caballos, hoy muy vigiladas por las autoridades niponas. Algunos referentes de la Yakusa como Masatoshi Kumagai, dijeron que el Pachinko es uno de los negocios que está desarrollando "como un modelo propio". Este modelo consiste en el pago en efectivo de las bolas que los jugadores ganan, aunque esté terminantemente prohibido por la ley, y de esta manera hacerlo más atractivo.

Los jugadores pueden optar por premios por cada bola, los cuales pueden consistir en más bolas, cajas de caramelos, pequeños electrodomésticos o vales de compra en casas de electrónica que son manejadas por el sindicato mafioso. Asimismo, las bolas se pueden convertir en yenes constantes y sonantes en ese mismo local de electrónica o en algún otro que esté en connivencia con el salón de juegos.

Cabe destacar que la Yakusa no es un grupo mafioso como lo concebimos en Occidente, sino una especie de cofradía que fue utilizada por el gobierno japonés después de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo para el control de motines sociales y huelgas. Convertida con los años en verdaderos sindicatos del crimen organizado, sus miembros llegan a 100 mil pero sus estructuras se estuvieron mostrando tambaleantes, sobre todo por problemas con los negocios con la venta de drogas y el manejo de la prostitución.

En la actualidad, los salones de Pachinko le están dando la increíble oportunidad de poder blanquear el dinero obtenido ilegalmente, convertirlo en dinero limpio y ponerlo en el circuito económico formal de una manera rápida y a la vista de todos. Inclusive Kumagai dijo, en declaraciones a la revista francesa L'Expansion, que uno de los proyectos más ambiciosos que tiene el sindicato que preside es el de invertir, junto a empresarios chinos y surcoreanos, en un casino en Macao con los dividendos obtenidos en los atestados salones de Pachinko.


 

 


 
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