El Rincón Del Gallo, El "Casino" Cubano Donde Se Apuesta A Todo

Una de las primeras leyes que la revolución de Fidel Castro decretó cuando asumió el control de Cuba, tras su llegada a La Habana el 8 de enero de 1959, fue abolir el juego. Tragamonedas y ruletas fueron destrozadas con hachas y bates de béisbol y los casinos desaparecieron. Sin embargo 57 años después, y ya sin el líder máximo, el juego sigue siendo clandestino pero también parte de la vida de los cubanos que, incluso bajo el riesgo de ir a prisión, siguen acudiendo a lugares como “El rincón del gallo”.

En lo más intrincado de las alturas Habana-Matanzas, se encuentra uno de los casinos ilegales más populares de Cuba. Un largo camino de difícil acceso a través del monte y las lomas lo mantienen fuera de los ojos de las autoridades.

"Los grandes casinos en el mundo se encuentran ubicados en las grandes ciudades, en lujosos hoteles o zonas residenciales. Aquí debe ser así, bien intrincado, en las montañas, y que sea difícil y trabajoso llegar (...) Esto es lo más parecido a un casino que encontrarás en Cuba y aquí las apuestas son a lo grande", explicó uno de los dueños de "El rincón del gallo", un apartado lugar creado para apuestas de todo tipo y con juegos de mesa.

Chacho, uno de sus dueños que así se hizo llamar por cuestiones de seguridad añadió que "el juego aquí es prohibido desde 1959 y todos sabemos lo que nos pasaría si nos coge la policía, pero este lugar ofrece seguridad, tenemos varios trabajadores en lo más alto de la loma para vigilar cualquier movimiento extraño y hasta ahora nunca ha pasado nada".

"Apenas llegar a "El rincón del gallo" se puede respirar un aire de libertad, fuera de todas las normas que nos ha impuesto la revolución. Los juegos de mesa, cartas y dados por dinero, y las apuestas de todo, tipo hacen este lugar especial (...) Aquí nos sentimos como si estuviéramos en otro país, fuera de todo lo que nos han impuesto por más de medio siglo", comentó Lázaro Salvador, un profesor de Literatura que también afirmó: "Me gustan los juegos y las apuestas y nunca he estado de acuerdo con la medida de acabar con eso".

"Aquí se puede jugar de todo por dinero. Entre los juegos preferidos se encuentran la lotería, el bingo, el bacarat, la longana (una variante del dominó que se practica con seis
fichas). El silot con dados, el cubilete; el trío, que es una variante criolla del póker norteamericano y se juega con tres cartas viradas bocarriba en la mesa e igual número en la mano. Hay tres descartes y antes de que usted pida nuevas barajas, se hacen apuestas", explicó Chacho a CubaNet.

"Algunos de estos juegos, como el silot, han sido importados desde las cárceles cubanas, y otros como el cubilete son más tradicionales y conocidos. Pero todos nos reportan ganancias, porque cada dueño de mesa debe pagarnos un impuesto del 30% de sus ganancias por estar en nuestras instalaciones. La entrada al lugar también tiene un valor de dos dólares por persona", comentó.

Las apuestas sobre el fútbol europeo o la Serie Nacional de Béisbol, se encuentran en la mira de este lugar que pretende incorporarlas al "casino".

"La gente en las calles lo hacen. Se apuesta tanto en un juego fútbol entre el Real Madrid y el Barcelona como en la Serie Nacional de Béisbol. La única limitación que tenemos hasta el momento es traer la electricidad hasta aquí. Pero estamos pensando en hacerlo con una planta eléctrica", dijo.

Chacho advirtió que "todo tiene sus riesgos y eso lo sabemos. Así nos ganamos la vida hasta ver qué pasará en este país en los próximos años".

Otro de los juegos de mesa más populares del lugar es llamado "las monedas de números". El dealer reparte unas monedas que tienen un número grabado (del 1 al 30) y los jugadores apuestan a quien tiene el mayor número. El mesero obtiene un 20% de las ganancias en cada apuesta.

Aquí las ofertas gastronómicas son variadas y siempre a precios superiores de lo normal. "El riesgo hay que pagarlo", fue la respuesta de la mayoría de los vendedores de alimentos y bebidas que se encontraban en el sitio. Ellos también deberán pagar un impuesto a los dueños por vender sus productos en el lugar.


 

 

Fuente:www.cubanet.org

 

 


 

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