Jugadores Compulsivos Prefieren El Dinero Al Sexo

La sensibilidad de los jugadores compulsivos para actividades gratificantes como el sexo puede ser tan débil que el juego es lo único que todavía les produce placer. Esa es la conclusión de un estudio presentado en la conferencia de la Sociedad para la Neurociencia realizada en California. Los investigadores dijeron que esta tendencia a priorizar el dinero sobre los deseos más básicos, se parece a otras adicciones como el alcoholismo, y podrían apuntar hacia nuevos tratamientos para la ludopatía.

De los millones de personas que juegan por diversión o para sacar un provecho monetario, del 1 al 2% se califican como jugadores patológicos. No pueden dejar de jugar a pesar de encontrarse con consecuencias negativas graves, dañando las relaciones, e incluso destrozando las máquinas tragamonedas corriendo el riesgo de ser arrestados cuando el hábito del juego se sale de control. Esta incapacidad para detenerse, incluso después de una pérdida, es una de las razones por las cuales el juego se convirtió recientemente en la primera adicción conductual en ser reconocida por el manual de diagnóstico más utilizado de la psiquiatría, el DSM-5, dijo Guillaume Sescousse, un neurocientífico de la Radboud University Nijmegen de los Países Bajos, que dirigió el nuevo estudio. Después de todo, agregó, los jugadores profesionales de póker pueden jugar durante 10 horas al día y no ser considerados adictos, siempre y cuando se detengan cuando su suerte se agota.

Los investigadores mantienen desde hace tiempo la hipótesis de que la base de la adicción al juego, puede ser la hipersensibilidad a la importancia de ganar dinero, causado por el cableado disfuncional en los circuitos neuronales que en el proceso de recompensa. Sin embargo, los estudios arrojaron resultados contradictorios, por lo que Sescousse decidió investigar una hipótesis alternativa. Se preguntó si en lugar de ser demasiado sensibles a la recompensa monetaria, los jugadores compulsivos eran menos sensibles a otras cosas gratificantes, como el alcohol y el sexo.

Para probar esta idea, el neurocientífico y su equipo reclutaron 18 jugadores patológicos de sexo masculino mediante la publicación de anuncios con la pregunta: "¿Juegas mucho?". Además, los investigadores reclutaron a otros 20 individuos sanos que actuaron como sujetos de control en el estudio. Después de someterse a evaluaciones para establecer cuánto jugaban, se pidió a los voluntarios que apretaran un botón lo más rápido posible, para ganar dinero o para ver fotos eróticas de mujeres, mientras se encontraban dentro de un escáner de resonancia magnética funcional, que registraba la actividad cerebral durante esa tarea.

Los participantes más rápidos apretaron el botón, y los más motivados lo hicieron para obtener la recompensa en dinero. Este paradigma experimental es más objetivo que un cuestionario y ha sido ampliamente probado en humanos y modelos animales, dijo Sescousse.

Antes de la misión, la mayoría de los jugadores informaron que valoraban el dinero y el sexo por igual. Sus resultados, sin embargo, mostraron una inclinación inconsciente hacia el dinero en efectivo. Sus tiempos de reacción cuando se trataba de ganar dinero, eran un 4% más rápido que cuando se trataba de ver escenas de erotismo, un efecto que "puede parecer pequeño, pero en realidad es muy importante" en este tipo de investigación, indicó Sescousse.

A medida que los participantes realizaron la tarea, los investigadores observaron las respuestas cerebrales en el escáner, que mide el flujo sanguíneo como una medida de la actividad cerebral. Encontraron que los jugadores habían disminuido mucho las respuestas a las imágenes eróticas en comparación con imágenes monetarias en el estriado ventral, una región del cerebro que procesa la recompensa. La diferencia en la respuesta fue mucho menor en los sujetos que actuaron como controles, agregó Sescousse.

Posteriormente, los investigadores analizaron la actividad cerebral de los participantes en otra región cerebral clave implicada en la recompensa, la corteza orbitofrontal. En estudios previos de las personas sanas, habían observado que diferentes partes de la corteza orbitofrontal responden a los estímulos eróticos y monetarios. Creen que la división refleja una disociación entre las recompensas innatas como la alimentación y el sexo -que son clave para la supervivencia-, y las recompensas secundarias tales como el dinero y el poder, que debemos aprender a valorar.

En los jugadores compulsivos, la misma región que normalmente sólo se enciende en respuesta al sexo, se activó cuando los participantes vieron las señales monetarias, lo que sugiere que ellos interpretaron el dinero como recompensa más primaria, indicaron los investigadores. Las terapias cognitivas que aumentan la sensibilidad a las recompensas no monetarias y cambiar la forma en los jugadores piensan en el dinero, por ejemplo para pensar en ello como una herramienta y no como una recompensa en sí misma, podría ayudar a resolver esta distorsión, puntualizó Sescousse.

Los resultados del estudio son "convincentes", aseguró el neurocientífico George Koob, experto en alcoholismo del Instituto de Investigación Scripps en San Diego, California. Es posible que la sensibilidad de los jugadores "para actividades gratificantes como el sexo puede ser tan débil, que el juego es lo único que todavía trae placer", dijo. "Tal vez es todo lo que queda".


 

 

Fuente:news.sciencemag.org

 

 


 

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