Pobreza Y Juego Ilegal En La Habana

En los barrios marginales de La Habana proliferan las casas de juego ilegal, incluso en distritos de la clase media y alta. Iván García Quintero es un periodista independiente que nació en la capital cubana y a través de su blog "Desde La Habana" va dejando diferentes impresiones de su ciudad, como ésta, que describe cómo es el juego en un país donde los juegos de azar y los casinos están prohibidos.

En las afueras de la Habana, se encuentra un casino ilegal de juego abierto las 24 horas. "Aquí se juega silot, longana o cartas, sobre todo tres con tres, una variante tropical del póquer estadounidense cuenta Lorenzo, el propietario. El dueño del casino cobra el 10% de las ganancias en partidos de silot, que se practica con tres dados y al parecer surgió en las regiones del oriente cubano.

La tasa mínima de las apuestas es 50 pesos (2 dólares), pero luego de dos noches de juego ya éstas andan en torno a los mil pesos (45 dólares). Sentado en un extremo del tablero, Lorenzo recoge el gravamen correspondiente. En cada jugada, cuando el banco gana, más algunas apuestas fuera de la mesa, introduce 400 o 500 pesos dentro de una lata vacía de galletas. "En temporadas altas, donde se juega varias semanas sin parar, se recoge bastante dinero" afirma Lorenzo.

Luego de que en 1959, Fidel Castro aboliera los juegos de apuestas y los casinos, comenzaron a surgir los establecimientos ilegales de juego. Los pequeños casinos ilegales son llamados 'burles', donde asisten asiduamente gerentes, ladrones, cuentapropistas, estafadores, delincuentes o ludópatas. A partir de la prohibición y las amenazas, Cuba no sólo no dejó de jugar y apostar sino que al contrario, encontró la manera de hacerlo a espaldas de las normas impuestas.

A estas casas, llamadas 'burles', asisten gerentes, ladrones de cuello blanco, cuentapropistas, estafadores, delincuentes o ludópatas como Arsenio, que luego de estar 12 horas vendiendo pan, lo que gana se lo juega tirando dados.

"Tengo 29 años, pero desde los 15 soy adicto al juego. A cualquiera, sean peleas de gallos y perros o las cartas. Mi preferido es el silot, pues rápido se gana o se pierde una gran cantidad de dinero", dice mientras espera que Lorenzo le dé un préstamo a cambio de un reloj que le robó a su padre.

Lorenzo tiene dos 'dealers' que se turnan cada tres horas. Ganan el 10% del dinero recaudado. Con él también trabajan
cuatro 'ayudantes', tipos cuya misión es sofocar cualquier trifulca. "Debes contratar gente que domine el boxeo o las artes marciales. Y tener cerca un machete afilado o una pistola. Además de los tramposos habituales, se han dado caso de bandas dedicadas a asaltar 'burles'. Saben que no se les puede denunciar a la policía, por ser un negocio ilegal", acota Lorenzo. Ser sorprendido por las autoridades por estar al frente de un negocio de juego ilegal, siginifica hasta 3 años de prisión, pero muchos creen que esas normas hace tiempo son letra muerta.

En Cuba, el discurso oficial que intenta controlar las ilegalidades va en dirección opuesta a la cruda realidad. En el peor momento económico del país, durante la crisis de los 90, se rechazó la idea de abrir casinos en los cayos para los turistas extranjeros y se exige a los cruceros cerrar sus salas de juego al entrar en los puertos cubanos.

"Décadas atrás podías ir 3 o 4 años a la cárcel. Ahora, si te atrapan, te ocupan el dinero que esté en la mesa y te ponen una multa de 60 pesos (menos de tres dólares). Se comenta que a veces la propia policía organiza redadas para robarnos el dinero. Por eso prefiero que mi negocio se mantenga clandestino. Si el gobierno autorizara el juego, cobraría gabelas demasiado elevadas", considera Lorenzo. A sus clientes, Lorenzo les ofrece café y les vende sándwiches, jugos y comida. "Uno de los secretos de un 'burle' es que el jugador tenga confianza en el dueño y ciertas comodidades a mano", apunta su dueño.

Los cubanos llaman "bancos de bolitas" a las casas de lotería, con la prohibición establecida por Castro los boliteros también proliferaron en un país que continuó viendo en las apuestas una salida a su cruda realidad, a pesar de las sanciones penales que hasta el día de hoy siguen vigentes para las personas que apuesten, con penas de entre tres y siete años.

La "bolita" cubana es un clon de la lotería de Miami. Por radio o las clandestinas antenas por satélite se siguen los resultados. Para los pobres, ganar un "premio gordo" o un "parlé" es algo que puede estar a su alcance.


 

 

Fuente:deivangarciaysusamigos.blogspot.com.ar

 

 


 
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