La Guerra Por El Juego Online

La guerra por el control del juego en Las Vegas ha cambiado de escenario. Los tipos que manejaban el cotarro en los 70 y 80, como Frank Rosenthal y Anthony Splitoro -interpretados por Robert De Niro y Joe Pesci en la película Casino de Martin Scorsese- han quedado anticuados. Los puños y pistolas con que los gangsters hacían valer su ley para controlar los beneficios de las apuestas han dado paso a lobbies, contribuciones multimillonarias, favores políticos y carísimos bufetes de abogados de la capital que luchan por acabar o mantener a flote el juego online en EEUU.

Pero aunque esta batalla se sirve de métodos más limpios y refinados que antaño conserva todos los componentes de las luchas de décadas pasadas. Los atacantes que inician las hostilidades buscando mantener sus privilegios; en este caso, Sheldon Aldelson y su corporación Las Vegas Sands (propietarios de los casinos Venetian y Palazzo e impulsores del fallido proyecto de Eurovegas en Madrid), que han prometido acabar con el juego online "cueste lo que cueste". Un fin para el que han creado un lobby llamado Coalition to Stop Internet Gambling, que según su declaración de principios busca "proteger a las familias" y califica al juego online de "potencial fuente de lavado de dinero, financiación del terrorismo, fraude y otras actividades criminales, participación de menores, explotación de individuos con una adicción al juego". Además, cuenta con un importante despliegue de marketing que incluye vídeos para difundir el miedo y un llamativo eslogan para la prohibición: Click your mouse and lose your house.

El objetivo: la prohibición del juego online en todos los Estados. Y un casus beli: el fin de la America's Wire Act, que restringía las apuestas digitales en todo el territorio norteamericano y que, tras su disolución por parte del Gobierno de Obama en 2011, dejó la facultad regulatoria en esta materia a discrecionalidad de los Estados. Y, por último, un escenario: Washington DC y, en menor medida, cada uno de los 50 Estados en los que se va librando la batalla.

Los defensores: una coalición de casinos y empresas de apuestas por internet encabezada por la web Pokerstars.com, representantes de las reservas indias (que cuentan con una larga tradición en el juego), Caesars y MGM, uno de los casinos de mayor renombre de la ciudad (que acogerá la pelea de boxeo más cara de todos los tiempos entre Floyd Money Mayweather y Mani Paquicao). Esgrimen argumentos principalmente económicos: que el dinero recaudado en impuestos de esta actividad contribuye a una mejora de los servicios públicos como la educación.

El fin de la America's Wire Act ha supuesto que cada vez más Estados den luz verde a estas prácticas. Pero el panorama actual es un maremágnum de legislaciones donde los juegos de azar y las apuestas online navegan entre la legalidad total de Delaware, Nevada y New Jersey; el debate político para su regulación o expansión en 10 Estados -California, entre ellos-, donde se permitiría la creación de estas empresas dentro de sus fronteras; Estados sin
legislación al respecto, en los que el juego online ocupa una suerte de vacío legal, como en Florida; y otros, como Maine e Indiana, en los que está prohibido explícitamente o con legislaciones ambiguas que permitirían procesar a quienes participen en ellas.

Aunque Adelson parece estar perdiendo la batalla en la gran mayoría de los Estados (con excepciones como Washington y Mississippi), su estrategia contempla una mayor amplitud de miras al buscar cortar el problema de raíz en el Congreso y el Senado, un campo en el que, por el momento, sus resultados tampoco parecen acompañarle ya que su propuesta de ley quedó descartada sin ni siquiera ser escuchada en 2013 y en febrero de este año.

Sin embargo, Adelson cuenta con tres factores claves a su favor: el tiempo, el dinero e importantes aliados en las altas esferas. Según explican a El Mundo fuentes partidarias a la legalización de esta actividad, la presentación del proyecto de ley en el subcomité del Congreso para Crimen y Terrorismo debería haberse celebrado el 5 de marzo, a propuesta de Lindsey Graham, uno de los presidenciables republicanos. Pero por razones climatológicas se ha aplazado. Dichas fuente comentan que el magnate judío goza de un alto peso en las filas republicanas, ahora en mayoría en ambas cámaras.

Adelson ejerce de anfitrión, tiene la voz de mando en los congresos judío-republicanos y sus contribuciones compran el favor de numerosos congresistas y senadores, incluso demócratas. Además, mantiene una relación fluida con Cris Christie (otro presidenciable republicano y gobernador de Nueva Jersey): le ha prestado su jet privado, y conversa con él regularmente. A Christie sus detractores le acusan de poner trabas a la entrada de Pokerstars en su Estado, donde esta actividad está legalizada.

Si la propuesta de ley para prohibir el juego online no sale adelante en esta legislatura, las elecciones de 2016 se antojan un buen momento para que Adelson saque beneficios de sus donaciones políticas, que la pasada campaña electoral se elevaron casi a 100 millones de dólares. Pese a que la cuantía de sus contribuciones de cara a los próximos comicios aún se desconoce, Adelson lleva gastados 6,5 millones de dólares en su lobby y en donaciones al Partido Republicano en la última legislatura. Esta cantidad iguala la cuantía de las donaciones con fines políticos del resto de casinos de EEUU, a lo que su principal opositor, MGM, sólo destino 400.000 dólares.


 

 

Fuente:www.elmundo.es

 

 


 

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