El Turf Y El Estado

Una carta que está circulando por diferentes medios dedicados al turf desgrana la situación de la actividad en Argentina e insta a armar un plan estratégico de forma "honesta, sana, con el entendimiento y comprensión de todos los actores, criadores, propietarios, profesionales, periodistas, hipódromos y el Estado, a sabiendas que de las decisiones que se tomen por nuestros representantes y el gobierno de turno, pueden repercutir para bien o para mal en la vida de más de 135.000 trabajadores". Argentina es el cuarto productor mundial de caballos Sangre Pura de Carreras con unos 8.000 nacimientos anuales. "Es el primero en Sudamérica, somos los responsables del 9% de la producción mundial".

A continuación la carta, lamentablemente anónima.

Nadie puede dudar que el ¨CABALLO¨, como símbolo forma parte de un componente de nuestra identidad a nivel nacional.

La actividad hípica específicamente tiene dos caras: La del DEPORTE, que involucra el Entretenimiento, el Juego, el Esparcimiento y la INDUSTRIA que se genera en torno al caballo. Ambas realidades conviven y se retroalimentan constantemente cuando se encuentra en un ámbito favorable.

La actividad hípica es una enorme industria sin chimeneas, que va desde la cría hasta la competencia, y tiene como principal característica la necesidad de mano de obra intensiva no calificada e irremplazable por las máquinas y el avance tecnológico. Los países más avanzados en esta materia como Estados Unidos, Irlanda, Sudáfrica, Francia, Australia o Nueva Zelanda, algunos de nuestros principales competidores, quienes realizan constantemente estrategias acompañando a la hípica con el objeto de sofrenar y apaciguar las consecuencias de los problemas laborales y sociales que trae el avance de tecnología en otras industrias, pero en especial donde se encuentra la mano de obra no calificada quienes casualmente tienen mayores dificultades de inserción laboral al menos esta generación y las inmediatas quienes han quedado muy atrasados en materia de educación.

Desde lo deportivo, la actividad hípica tiene más de 200 años de historia, con sus reglamentos para la cría y competencia, con tradición, técnicas e inversiones millonarias. No es un capricho argentino, es una actividad mundial y global, donde nacen por año unos 110.000 Sangre Pura de Carreras, estamos hablando de un padrón de 1 millón de caballos entre reproductores, vientres, potrillos de año, 2 años, 3 años y training. Los Estados le prestan la atención como deporte, como entretenimiento o como industria, donde todos entienden que por cada caballo que nace pasan de forma directa el trabajo de 8 a 10 personas antes de llegar a la pista, quienes dejan en ese deportista su impronta, conocimiento, esfuerzo, cariño y pasión.

Quienes conocen la actividad y la viven diariamente enfrentan desafíos constantes, 2+2 nunca es 4, no son máquinas, son seres vivientes que nacieron para ser deportistas no parlantes, para la mayoría el caballo es tan importante como sus familias. Argentina tiene ventajas comparativas como la extensión en sus superficies, su excelente suelo, su buen clima y la mano de obra que sabe del manejo equino, donde gracias a todo esto lleva a la mejora en la competitividad logrando mayor su sanidad frente a otros países.

Conocer el sector y todas sus aristas, es fundamental para formar un buen equipo de trabajo, fijando objetivos claros y concretos, quizás no tan ambiciosos en principio, pero posibles.

Resumamos algunos aspectos importantes de la actividad y logremos graficarla.

Argentina es el 4to. Productor mundial en cantidad de nacimientos con unos 8.000 anuales. Es el primero en Sudamérica, somos los responsables del 9% de la producción mundial. Esto nos debe llenar de orgullo y admiración tanto al ciudadano como a los dirigentes y representantes por tener este lugar de privilegio. Aquí nos hacemos la primera pregunta: ¿Como no tenemos un plan integral para mantenerlo o desarrollarlo a la altura de la competencia y globalización mundial aprovechando su posición de liderazgo Sudamericano? El Estado debe liderar y asumir esta responsabilidad y desafío ya la actividad hípica por sí sola no puede avanzar, por sus diferentes eslabones de la cadena totalmente diferentes, además no tiene un dueño y de lo que debe vivir (el juego) está regulado por el mismo Estado. Estamos ubicados detrás de Estados Unidos, Australia e Irlanda, pero delante de potencias como Japón, Inglaterra o Francia.

Exportamos al mundo unos 240 caballos de Sangre Pura de Carrera (incluyendo a nuestros países vecinos), apenas un 3% del total de nuestra producción, cuando en el pasado hemos llegado a exportar hasta un 9% de la producción nacional. Pensemos en un país como Irlanda, que exporta nada menos que el 50% de su producción, dando evidencias que existe en este capítulo grandes posibilidades de crecimiento. Analicemos las estrategias de Irlanda o Australia, la hípica en esos países se encuentra en la agenda de los representantes de su país, son Gobiernos que reconocen la actividad por su valor agregado y generador de mucho empleo. La actividad no puede desarrollarse por sí sola, ejemplifiquemos: el juego está regulado por el Estado, dejándolo fuera de su agenda en el desarrollo comercial priorizando el desarrollo de otros cientos de juegos que le dan caja de forma inmediata, otro ejemplo puede ser de políticas y controles sanitarios que también lo regula el mismo Estado, lo mismo pasa en el ámbito impositivo, o en las políticas de trabas o beneficios a la exportación, todo este poder lo tiene el Estado dentro de sus roles y potestad. Junto a los privados se debe trabajar en políticas conjuntas para desarrollar la actividad.

La producción del Sangre Pura de Carreras, se concentra fuertemente en la Provincia de Buenos Aires (75%), así como en Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. En la cría, la recría, el entrenamiento y la competencia de los caballos SPC trabajan unas 45.000 personas a las que debe sumarse otras 90.000 que hacen tareas indirectamente. Se estima que nada menos que 400.000 personas viven del trabajo generado por este sector. Nuevamente nos viene a la cabeza una pregunta: ¿Que tienen en común un transportista, periodistas, veterinarios, forrajes, suplementos alimenticios, herreros, ingenieros agrónomos, peón vareador, jockey, criador, alambrador, entrenador, propietario, etc.? Que el caballo de sangre pura de carrera es el medio para ofrecerle un trabajo y un ingreso para poder alimentar y desarrollar a su familia, más una pasión, más un oficio, más un futuro, y una cosa sumamente importante el sentido de la DIGNIDAD por lo que hacen.

Sudáfrica un país con mucha población pobre, que entiende de la importancia de la industria, con incentivos impositivos que comenzaron en 1988, y el Gobierno formando parte del desarrollo de la hípica, entendiendo que la actividad del SPC tiene una facilidad mayor para desarrollar empleos básicos que otras industrias, esto lo desarrolló y profundizó el mismo presidente Mandela quien entendió la importancia de este deporte dominado por los blancos en ese país. Cualquiera que conozca la actividad desde su interior, puede demostrar que debe de ser apoyada y desarrollada por ser excelente en la re-distribución de los ingresos, ya que en su mayoría quienes ganan dinero en sus actividades personales o privadas gastan una parte de sus ingresos en la hípica generando una fuente inimaginable de puestos de trabajo, en personas que no sabrían desarrollarse en otras actividades. Países como Irlanda o Francia en cambio al ser seguramente países con más desarrollo, sus resultados muestran el incentivo a los jóvenes como primer trabajo, por ser una actividad que no descansa ni tiene feriados, siempre detrás de un animal hay una responsabilidad viva a quien se debe alimentar, cuidar y querer. Cada país buscará su forma, algunos desde las desgravaciones impositivas, otros con mejoras en los costos laborales, otros con el desarrollo de red de comercialización como Francia o Australia, aceptando todos de su importancia.

Volviendo al desarrollo de nuestra industria y nuestras distintas aristas, hay otra etapa muy importante de conocer, la cuida, hay unos 15.000 caballos de carrera en entrenamiento de los hipódromos centrales, casi la mitad de los mismos están en nuestro interior, y más del 80% de ellos pertenece a personas totalmente ajenas a la actividad misma de la cría, con frecuencia agrupados en consorcios circunstanciales de amigos o de personas cautivadas por la permanente popularidad del deporte hípico, quienes invierten su dinero que proviene de su actividad personal (re-distribución del dinero y efecto multiplicador), con la compra del caballo y luego en el mantenimiento con la pensión mes a mes al entrenador. La ilusión de cualquier propietario es ver ganar su caballo, sacarse la foto y lograr cobrar un premio monetario que al menos recupere algo de lo que invirtió y arriesgó. Acá encontramos otra nueva conclusión los premios son la base de la actividad, con buenos premios se produce el efecto derrame, y más propietarios querrán tener caballos. Los premios actúan a la manera de motor o dínamo alimentando el quehacer y la esperanza de un sector de nuestra producción, con capacidad real de crecer y generar aún más empleo.

Desde lo macro podemos decir que la actividad que generan los caballos de Sangre Pura de Carrera, sumando sus distintas etapas, genera nada menos que el 8,7% del producto nacional agropecuario y el 18,2% del pecuario.

Los hipódromos, son los escenarios donde se muestra el
resultado del trabajo y elección del criador, propietario, entrenador y de todos los que trabajaron con este fin. Sin ellos no hay actividad, como sin teatro no hay actores. El principal ingreso son las apuestas hípicas como medio idóneo de uso universal. Tanto al turf como al hipódromo, lo puso en jaque el mismo Estado permitiendo una enorme cantidad de juegos que los funcionarios de turno fomentaron para distintos fines (aquí tenemos el porqué del Fondo de Reparación, que tiene como objeto reparar el mal que le hicieron a la actividad y a las personas que trabajan en la misma, consecuencia de haber desarrollado tantos juegos de resolución inmediata en detrimento de la actividad).

En el apogeo del turf no existían los bingos, ni los múltiples juegos lúdicos, éstos son juegos que compiten de forma desleal con la hípica, aquí es donde el Estado debe nuevamente asumir su rol evitando distorsiones. Nuevamente aparece una pregunta: ¿Fue un error de visión de los funcionarios dejar caer a la hípica y hacerlo dependiente de máquinas tragamonedas? Por lo que estamos viendo con los hechos de público conocimiento, podemos responder que si han cometido un error o un beneficio particular, aprovechándose de la hípica quien no tiene un dueño con quien negociar o pactar estrategias comerciales para el beneficio en su conjunto. La actividad hípica no tiene un zar del juego, pero si tiene un efecto derrame que redistribuye el dinero en muchas personas, generando un efecto multiplicador superior de mano de obra intensiva que los otros juegos. En Japón, donde el desarrollo de las carreras de caballos es la principal prioridad frente a los otros juegos, hicieron una hípica que crece año a año, incluso hoy en día es comprador de nuestras mejores yeguas para mejorar su elevage.

El juego de los caballos es el menos compulsivo (30 minutos entre carrera) y es considerado un juego inteligente donde el ingenio o la estadística puede más que el azar o la programación de cualquier máquina tragamonedas. El juego de las carreras de caballos increíblemente no llega al 1% en su adicción de ludopatía, y pensar que nos hicieron daño con tango o los cuentos de nuestros abuelos. Es un juego donde la lógica, el estudio y el análisis es prioridad y ofrece variables de certeza en el caballo, jockey y cuidador por sus estadísticas, probabilidades o estado físico, el jugador de las carreras incorpora una pasión y un enamoramiento con determinados caballos o profesionales, cosa que con una simple máquina es imposible lograr esa relación.

La actividad hípica padece en la actualidad además de la competencia creciente de numerosos juegos de azar, al calvario del juego clandestino, que usando la imagen del turf, levantan apuestas de manera ilegal ante la dificultad del Estado en su rol de contralor. La actividad hípica Argentina ha estado por muchos años fuera de la política de Estado en este aspecto, salvo el año pasado donde el juego clandestino pasó de ser una contravención a pasar a ser un delito. La actividad con el Gobierno a la cabeza debe saber no solo combatir al juego clandestino sino competir frente a él. El mundo desarrolla aplicaciones y plataformas para que se juegue en dispositivos electrónicos. Nuevamente aparece una pregunta: ¿No suena raro que cualquiera puede jugar en cualquier tipo de deportes en el exterior y nosotros no podamos jugar en nuestro propio país? Cuanto más cerrado esté el juego hípico más clandestino vamos a tener. La prohibición o limitación del juego hípico no es la única estrategia, ya que desde el origen de la humanidad existió el juego, hasta MAO en China intento evitarlo sin grandes resultados. En este tema hay que dejar de lado hipocresías y lograr tener la captación de ese juego que se encuentra flotando en esos grises donde es negocio para pocos, y convertirlo en blancos para que la sociedad en su conjunto se beneficie.

Debemos decir que el accionar en estos últimos 30 años ha sido de baja efectividad, entendemos que fue porque se preocupó más por otros juegos donde los dividendos inmediatos son mejores y más fáciles de negociar, pero esto nos llevó a lo que es hoy nuestra actividad, donde los hipódromos, los propietarios y los criadores de la provincia de Buenos Aires, son 70% dependientes del Estado, que sin su aporte no pueden sobrevivir. Con la dirección que comenzó el año pasado y siguió por una línea parecida este año, se destaca la transparencia, pero el desconocimiento de cómo lograr desarrollar comercialmente a la hípica la está poniendo en estado de coma, una responsabilidad de todos los actores de la actividad donde que muchos estuvieron cómodos con el status quo que venía desarrollando.

Para cerrar el capítulo del juego ejemplificando con una realidad, podemos decir que en toda la Provincia de Buenos Aires, el turf tiene solo 200 puntos de juego donde desarrollarse comercialmente contra 3.500/4.000 puntos que tienen desarrollados para los otros juegos de azar en la misma superficie. Otra muestra de nuestro atraso es lo que muestran los números del resto país, donde se juega de forma oficial (no clandestina) solo el 7% de la torta total del juego de las carreras, pero sabemos que hay un enorme potencial de juego pero se está yendo por la vía ilegal llegando a cifras incalculables, datos aproximados dicen que podríamos como mínimo duplicar si las loterías junto al estado lograran hacer convenios y bajaran quitas o costos entre toda la actividad para competir con el clandestino. Estos ejemplos demuestran que la actividad tiene la posibilidad de lograr tener ingresos genuinos, pero se debe buscar acciones para dicho desarrollo y no darle la espalda con soluciones simplistas. El Gobierno no puede evitar cambiar el enfoque del fondo de reparación como está hoy, si no le da a la actividad las herramientas para lograr captar el juego que ya existe.

Los avisos del 2017 y lo que viene para el 2018 con Haras que cierran, propietarios que se van, entrenadores y periodistas que no pueden continuar, lleva también a pensar que los tiempos se acortan y la actividad hípica debe lograr resultados con oportunidades y soluciones necesarias para poder avanzar, evitar tomar decisiones apresuradas y equivocadas por falta de experiencia o conocimiento que puedan afectar más fuentes de trabajo. Como se puede apreciar el grave error de los orígenes y hoy se da en la práctica, es que la actividad hípica está regida por Lotería, cosa que es en parte un error ya que la actividad también tiene muchos aspectos que como se han podido resumir en esta carta que no tienen que ver con el juego, sino otros temas como la comercialización, la sanidad, la comunicación, los convenios con otros países que son necesarios, las posibles desgravaciones impuestas etc.

EL objetivo debe ser un plan estratégico donde el Estado aportara sus herramientas y los privados el conocimientos y necesidades para que juntos podamos mejorar el potencial que la actividad tiene (Tenemos los datos reales que solventan esto como el juego per cápita en otros países de la región como Uruguay o Chile que juega más que nosotros por la vía legal).

Soñamos en diagramar un desarrollo federal, integral, con comunicación masiva, y cambio de imagen y que tenga por objeto la contribución social, que entiendan que esta actividad puede ayudar de sobremanera a disminuir problemas en la sociedad, problemas de pobreza, como se aplica en países como los nombrados con programas comerciales, de incentivos, impositivos, subvenciones, etc. En un mundo globalizado el hombre tiene la oportunidad de aprender de otras sociedades que planifican, nuestro país tiene un nivel muy alto de desarrollo y profesional en esta actividad, ha sabido sacar caballos que nos han puesto en el mapa del mundo, siendo hoy embajadores hípicos como Candy Ride y Vale Dory, hace 10 años Invasor, hace 20 Paseana, hace 30 Bayakoa, hace 40 Mat Boy y así cientos de ejemplos, teniendo el país la oportunidad de generar divisas en exportación, turismo, valores agregados, etc..

Por lo tanto es importante advertir que la actividad del sector de la cría y la competencia de los caballos de sangre pura de carrera es una sólida máquina productiva, generadora de fuentes de trabajo y de ingresos de los argentinos, un verdadero orgullo nacional que por su indiscutido nivel de calidad que nos distingue sobradamente frente al mundo, al que debemos respetar por sus años de historia e inversión, desarrollando todo su potencial.

Como amantes de las actividades productivas, debemos de una vez por todas de forma estratégica, honesta, sana, con el entendimiento y comprensión de todos los actores, criadores, propietarios, profesionales, periodistas, hipódromos y el Estado, a sabiendas que de las decisiones que se tomen por nuestros representantes y el gobierno de turno, pueden repercutir para bien o para mal en la vida de más de 135.000 trabajadores es decir casi medio millón de personas representadas en sus familias, que sustenta nuestra Industria, muchas más que las cada vez más tecnificadas industrias, como por ejemplo la automotriz.


 

 


 

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