"Nos Atacan Por Pura Ideología"

La proliferación de locales de apuestas deportivas en numerosas ciudades ha alarmado a dirigentes políticos de izquierdas y derechas en España. Los tildan de amenaza para los barrios y sus jóvenes. Rechazan la invasión de establecimientos de marcas del juego como Codere, Bwin o Sportium. Entre ellos, Podemos ha sido el más beligerante, tras denunciar que adolescentes y veinteañeros están experimentando adicciones a las apuestas jamás antes vistas. La extrema izquierda alza el dedo acusador contra a los empresarios del sector y los acusa de ganar dinero a costa del bolsillo de los menores.

Las casas de apuestas se defienden de lo que consideran que es un ataque continuado al sector del juego desde la clase política. El Consejo Empresarial del Juego (Cejuego) desmintió que su actividad esté relacionada con un incremento de la ludopatía en España.

El Defensor del Pueblo en funciones, Francisco Fernández Marugán, incluso ha pedido que se prohíba la publicidad relacionada con el juego y las apuestas privadas en los medios de comunicación. En esta misma línea, la Comunidad de Madrid aprobó recientemente una nueva norma que obliga a las casas de apuestas oficiales a mantener una distancia mínima de los centros educativos de 100 metros para proteger a los más pequeños. Pero, ¿responde a la realidad este alarmismo social?

Desmontando mitos

El presidente de la patronal Cejuego, Alejandro Landaluce, ha transmitido su sorpresa e indignación por los bulos de los que consideran son víctimas las casas de apuestas. Con los datos en la mano, y en base a las estadísticas elaboradas por el Ministerio de Sanidad, en España la tasa de juego problemático entre la población de 18 a 75 años era de apenas el 0,3% en 2017.

"Este segmento analizado responde a una media de 100.000 personas que podrían ser potencialmente ludópatas en España. No quiere decir que lo sean. Con el manual de los trastornos mentales en la mano, (DSM), en nuestro país tan sólo existen 7.000 personas diagnósticadas dentro de la franja de edad estudiada, con ludopatía. No ha crecido en absoluto, puesto que este dato se mantiene desde la década de los setenta", explica Landaluce a este diario.

Los estudios demuestran que la prevalencia del juego ha llegado a descender desde 1990 hasta cuotas actuales: el 75% afirma que juega con asiduidad y el 97,7% lo hace sin ningún problema. En base a los informes de la patronal, España lidera junto a Noruega el ranking de los países de Europa con menor juego problemático, al mismo nivel que Suecia y por delante de Alemania.

Asimismo, el presidente de Cejuego aclara que se debe diferenciar entre jugadores y ludopátas. "Se da a entender que todo aquel que entra en una local de apuestas o juega online tiene un problema. Se confunde jugadores con ludópatas. La mayoría de personas que entran a un Codere, por ejemplo, no son adictos. No creamos jóvenes ludópatas. Es todo falso. Los chavales suelen gastarse de media unos cinco euros el día que entran, y los menores ni siquiera se asoman. No pueden entrar, lo tienen terminantemente prohibido y tenemos fuertes controles de acceso".

Caen bingos, casinos y tragaperras

Por otro lado, tampoco sería cierto que existen más negocios dedicados a la industria de las apuestas. Ciertamente, en los últimos cuarenta años ha habido un trasvase de clientes de un formato determinado de juego presencial en casinos o bingos a las casas de apuestas. De hecho, nuestro país ha sufrido una transformación cultural en las preferencias con respecto al juego. Los casinos están cayendo en picado. Igualmente les sucede a los bingos y al dinero recaudado por las clásicas máquinas tragaperras.

Por ejemplo, desde 2007 hasta 2017, las 199.417 máquinas ubicadas en su mayor parte en hoteles y salones de juego han visto descender sus beneficios en 1.522 millones de euros. Es decir, de los 4.409 millones ganados en 2007 se ha pasado a 2.887 millones de euros en 2017, según un estudio de Cejuego. De todos modos, las salas de juego tradicional, como bingos, casinos y tragaperras, siguen suponiendo el 84% del juego privado en España, frente al 15,6% del juego online y las apuestas deportivas.

Otra de las denuncias que realizan desde la formación de Pablo Iglesias es que los operadores se mudan a barrios marginales porque les interesan los clientes más vulnerables. Sin embargo, el aumento de Coderes o Bwin únicamente responde a intereses comerciales que tienen que ver con la densidad de la población. "En las zonas donde existe más concentración poblacional siempre hay un nivel más alto de ventas. Esto es tanto para una panadería como para un bar o una casa de apuestas. Debido a las características del tipo de negocio, los establecimientos se instalan en arterias donde hay visibilidad, fácil acceso y alquiler sostenible", declara Landaluce.

Con respecto a la distancia de los colegios, supondrá un gasto extra para las empresas del gremio que tendrán que trasladarse. Landaluce critica que, "por esa regla de tres, tampoco debería haber bares cerca de las escuelas porque
un niño puede volverse alcohólico. No tiene sentido". Aún sí, destaca que la patronal está de acuerdo y acatarán la normativa.

"Nos atacan por pura ideología"

Pese a los informes, Podemos ha logrado contagiar con sus argumentos al resto de partidos, que buscan aplicar políticas restrictivas contra las casas de apuestas. El presidente de Cejuego reprocha la doble vara de medir que tienen y deja claro que todo obedece a una cuestión puramente ideológica: "Quieren prohibir la publicidad sólo en el sector privado, porque, claro, los empresarios del juego son muy malos y capitalistas", contesta irónico el presidente.

Así, describe cómo la formación morada excluye de sus acusaciones al juego público como la ONCE o SELAE (Loterías y Apuestas del Estado). "Si es del Estado, echar una quiniela o cien es bueno. Si es privado, apostar por un caballo es malo", reitera con sarcasmo Landaluce. El caso es que el mercado del juego del Estado arroja cifras nada baladíes, ya que, en estos momentos, supone el 45% de la actividad, frente al 55% del gremio privado.

No obstante, hay que decir que Podemos ha ido más allá en su guerra. Desde Cejuego desmienten el listado de autoprohibidos que presentó el partido comunista para conseguir que no se dieran más licencias a las casas de apuestas. El documento trata de demostrar que más de 5.000 personas en Madrid se autoexcluyen de entrar en un salón de juego por tener problemas de ludopatía. "Este informe lo elaboraron en los colegios con padres y alumnos. Se apuntaba todo el mundo. Desde Cejuego comprobamos cómo las personas que aparecían no habían estado jamás en un local de apuestas deportivas. Eran padres y niños a los que convencieron de que era bueno lo que hacían", revela el líder de la patronal a este diario.

Desde la Asociación Proyecto Hombre consideran que "Todavía no manejamos datos al respecto. Es muy pronto para decir que el número de jóvenes que tienen ludopatía por las apuestas online o presenciales ha aumentado de forma crítica. Sí podemos valorar que ya nos están viniendo algunos casos, pero es un fenómeno todavía que tenemos que estudiar. Al igual que las redes sociales, ya empieza a haber adictos al móvil, pero estoy seguro de que este tipo de nuevas adicciones se agravarán en número en el futuro. Hay que prevenir", comenta Luis Bononato, presidente de Proyecto Hombre en España.

Por último, Landaluce incide en el hecho de que están siendo víctimas de fake news y nadie parece atender a la verdad de los hechos y dejar de alertar falsamente a la sociedad. "Hemos transmitido en numerosas ocasiones que la situación que se describe alrededor de la presencia de las casas de apuestas como negocio físico no supone ningún peligro y a los datos nos remitimos. Pero parece que decir la verdad no está de moda", concluye resignado.

Entrando a un Codere

Este periódico ha podido comprobar de primera mano la información transmitida por las fuentes empresariales consultadas. Visitamos tres establecimientos de la multinacional Codere en Madrid. A las ocho de la tarde de un viernes, hablamos con los jóvenes que allí se encuentran. Un grupo nos cuenta que juegan sólo entre cinco y diez euros los fines de semana "antes de ir a cenar una hamburguesa y tomar algo".

Dos muchachos que parecen veinteañeros están en la planta de arriba. Comienzan las carreras de caballos en Inglaterra y una pantalla gigante muestra cómo van las apuestas. "No tenemos ningún problema con el juego. Somos universitarios y poco dinero tenemos para gastar. Si ganamos, lo reinvertimos, pero si no nos vamos porque de lo contrario no tendremos ni para una copa. Se exagera mucho lo que dicen de estos sitios. Yo no gasto más de tres euros", arguye mientras está atento a la salida de los jinetes.

Una camarera nos atiende. Es la encargada del local. "Tengo cinco teléfonos de seguridad. Jamás pasa nada. Esto es como un salón recreativo. Es un juego limpio. Aquí no se puede fumar, no dejamos entrar a menores y alcohol servimos muy poco", espeta la chica, quien, además, asegura que le encanta trabajar allí.

El ambiente es tranquilo y el interior está cuidado. La moqueta de los locales está impecable. Una ruleta digital suena y centellean colores rojos y negros. Un hombre echa una moneda. La voz de un locutor inglés entusiasmado resuena en el garito. Los caballos han llegado a la meta. "¡Bien, joder!", se escucha arriba. Alguien ha ganado.


 

 

Fuente:www.libremercado.com

 

 


 

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