La Responsabilidad Social Empresaria En El Juego: Cara y Contracara

Albertina Dore

Por Albertina Dore *

Casi todas las empresas dedicadas a la actividad lúdica poseen un programa de responsabilidad social empresaria. Actualmente, no sólo el concepto está de moda, sino que los privados invierten cada vez más en iniciativas de este tipo. Se ha convertido en un modo de colaborar con la comunidad donde operan, pero también, en un fuerte mecanismo publicitario.  

La responsabilidad social corporativa (RSC), también llamada responsabilidad social empresaria (RSE) es un concepto que está de moda en los discursos y acciones de las empresas dedicadas a la explotación de los juegos de azar. En teoría, el término refiere a la asunción voluntaria por parte de las compañías de responsabilidades derivadas de los efectos de su actividad sobre el mercado, la sociedad y el medio ambiente. En síntesis, una empresa socialmente responsable debería desarrollar acciones que, paralelamente a la búsqueda de un beneficio económico, contribuyan a mejorar la calidad de vida de sus empleados y de sus familias, de la comunidad en donde operan y de la sociedad en general.

En Argentina, es muy común, escuchar a los directivos de las empresas lúdicas alardear con la gestión de RSE impulsada por sus firmas. Y en parte, es cierto. Los proyectos de inversión privada dentro del sector público están a la orden del día. Sin embargo, la responsabilidad social corporativa del sector no se reduce a emprendimientos económicos macros sino que también está dada por el cumplimiento de la legislación y principios de referencia que regulan y encuadran el desarrollo de la actividad; esto es, la contención, prevención y asistencia de los efectos negativos derivados de la explotación de los juegos de azar.

En este punto, incontables son los ejemplos que evidencian cierta manipulación del concepto de RSE por parte de la mayoría de las empresas operadoras del juego en el país. La contradicción está a la orden del día. Aunque casi todas cuentan con un programa propio de juego responsable e incluso participan de proyectos de inversión comunitaria, ciertas acciones y políticas empresariales reflejan, en la práctica, una evidente ambigüedad respecto a su compromiso social y comunitario. Por un lado, promueven acciones para contener los aspectos nocivos del juego y,  por el otro, a través de iniciativas que responden al incremento de su productividad comercial terminan poniendo en riesgo la práctica de un juego responsable.

Por citar sólo un ejemplo, una de los gigantes del mercado de las apuestas presenciales, Casino Club, empresa que lidera el mercado de los juegos de azar en el sur argentino y cuenta con establecimientos distribuidos por todo el país, presume de contar con un sólido programa de juego responsable. Sin embargo, desde la página institucional del flotante de Puerto Madero -del cual es concesionario- promociona dicho casino especificando en detalle los servicios ofrecidos al apostador: cajeros automáticos dentro de las instalaciones, "todos los medios de pago" para financiar las apuestas y la apertura durante las 24 horas del día, posibilidades, algunas de las cuales, largamente criticadas por el fomento que implican a la ludopatía.

Por otro lado, Casino Club invirtió casi 400 mil dólares en la construcción de un playón de estacionamiento en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en
Trelew, a través de la firma de un convenio con el municipio local. Este emprendimiento comunitario, que está a punto de ser inaugurado, será operado por la casa de altos estudios durante los días hábiles mientras  los fines de semana y feriados será administrado por Casino Club.

El consumo ilimitado de tabaco dentro de las salas de juego en la provincia de Buenos Aires es un claro ejemplo de esta suerte de política ambigua que manejan los empresarios del juego. No arbitrariamente la actual legislación bonaerense que restringe el consumo de tabaco en territorio bonaerense no alcanza a los bingos de la región. Tampoco ha sido casual que hayan fracasado las recientes propuestas legislativas para modificar la norma y quitarle la excepción a las salas de apuestas, principalmente por el fuerte poder de lobby realizado por los operadores del juego. Es cierto que a nivel municipal -en el marco de una campaña mundial de ciudades cien por ciento libres de humo- se han sancionado ordenanzas con la prohibición de fumar en los bingos que funcionan en esos distritos; sin embargo, según la jurisprudencia argentina nunca una ordenanza puede contradecir o neutralizar una Ley, por lo tanto, la vigente normativa provincial habilitaría aún la posibilidad de fumar incluso en aquellos lugares donde la restricción alcanza a las salas de juego. En muchas provincias del país que cuentan con leyes antitabacos, la restricción no rige para las salas de juego. ¿Otra excepción casual?

Esta política de responsabilidad empresaria implementada por las empresas operadoras de juegos de azar, incluye desde donaciones a distintas instituciones sociales hasta programas de prevención y asistencia a la ludopatía, programas de inclusión social y educativa, sorteos y colectas solidarias para sectores marginales e inversiones económicas en obras públicas. Incluso, como sucede en Buenos Aires, el propio organismo encargado de administrar y explotar el juego en la provincia, posee una fuerte presencia en iniciativas de carácter comunitario. El Instituto de Lotería y Casinos bonaerense, también tiene a cargo la dirección del Programa de Prevención y Asistencia de la Ludopatía, pero el juego se publicita y comercializa casi de manera indiscriminada. Un fiel ejemplo son las agencias de lotería, quizás el sector donde hay menor control y promoción respecto de la práctica de un juego responsable; sólo folletería y artilugios electrónicos incentivando al juego.

Por ende, el concepto de responsabilidad social corporativa y/o empresaria, con proyectos que tienen fines más que loables en muchos casos,  es utilizado, a veces, como una estrategia comercial. Un medio que, involuntaria o deliberadamente, actúa como un mecanismo compensatorio frente a acciones que pueden poner en duda el compromiso y la responsabilidad de los operadores, mostrando los objetivos e intereses reales que persiguen con este negocio.


 

 

* La autora es periodista de investigación, especializada en juegos de azar. Desarrolla sus investigaciones en la Argentina y especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde se concentra el 60 % del juego por dinero de la República Argentina, y se juegan, en todo concepto, alrededor de 2.000 millones de dólares por año.

 

 


 

Comentarios  

 
0 # Alfredo Franccesconi 26-01-2011 17:48
Todas las empresas tienen a la responsabilidad social como un escaparate para mostrar sus bondades. Los negocios son exactamente eso: negocios. No podemos esperar que cualquier empresa, pequeña o grande, ponga dineros en la sociedad sin esperar algo a cambio. La responsabilidad y fin último de los empresarios de todos los sectores es, ni más ni menos, el lucro. Muy buena la nota.
 
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