¿Surge Un Nuevo Paradigma Respecto Al Impacto De Los Juegos Online?

Albertina Dore

Por Albertina Dore *

Desde hace más de una década la globalización ha revolucionado el mercado y la oferta lúdica. Con la expansión de las tecnologías han surgido formatos que, a través de sofisticados soportes tecnológicos, no sólo han diversificado el mundo del juego sino que han planteado nuevos desafíos a la hora de evaluar su impacto sociocultural. Aunque desde un principio se ha tenido una visión negativa sobre la influencia de los juegos interactivos en la salud humana, durante el último tiempo han surgido investigaciones capaces de contrarrestar parte de esa teoría “apocalíptica” acerca de esta modalidad de entretenimiento. Numerosos estudios científicos han aportado argumentos racionales para creer que jugar por Internet también puede ser saludable.

 La historia del juego y el hábito de jugar es inherente a la conducta y existencia humana y se remonta a la antigüedad. En épocas inmemoriales se apostaba en las guerras o sobre quién podía cazar un ciervo más rápido. Mucho más tarde aparecieron los juegos de mesa, los dados y juegos de apuestas relativamente sencillos en los que se daba expresión al impulso de jugar. Los juegos de carta surgieron mas tarde junto con la ruleta y las apuestas deportivas.

Finalmente, a mediados de los años noventa aparece el juego online. Esto supuso una revolución en el mundo del juego, desde su carácter comercial hasta su aspecto social. La nueva tecnología hace al fin posible decidir dónde o cuándo se quiere jugar. Los primeros casinos online eran bastante limitados en su oferta de juegos, pero en la actualidad existe una variada y diversificada oferta de juegos por Internet que ya están reemplazando al juego presencial. Desde blackjack, la ruleta, las tragamonedas, el bingo, el popular póker de mesa y las apuestas deportivas. El juego online ofrece a los apostadores tener un acceso directo a todos los formatos lúdicos y hoy en día, prácticamente, cada jugador tiene un casino hecho a su medida.

Mucho se ha estudiado en sí acerca del impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad, el comportamiento humano y las creencias y valores socioculturales. Los videojuegos y los juegos a través de la red han tenido un espacio considerado para la comunidad científica, interesada en develar las influencias bio-psicosociales que la práctica de estos formatos lúdicos podía provocar en los seres humanos.

Las críticas hacia los videojuegos -juego digital interactivo, con independencia de su soporte, ya sea computadora, videoconsola, o un dispositivo handhel como puede ser la telefonía móvil- han partido siempre de los efectos negativos que el hecho de pasar demasiado tiempo frente a la pantalla e inhibirse por completo en un universo de fantasía puede tener en el desarrollo emocional.

Ocasionalmente se ha comprobado que la rapidez con la que se mueven los gráficos puede provocar ataques en las personas que padecen diversos tipos de epilepsia. Así mismo, principalmente desde los medios de comunicación masiva, se los ha presentado como potenciales estimuladores de conductas violentas y delictivas. Todo eso sin mencionar el estado pasivo que presentan los individuos, una suerte de alienación mental que alienta conductas de aislamiento a la vez que las interacciones sociales y vinculares se estrechan y adquieren un carácter más impersonal

Por su parte, los defensores de los videojuegos afirman que éstos enseñan a resolver problemas técnicos, estimulan la habilidad de los jugadores en su neuro-cinética, reflejos visuales y enfoque de múltiples puntos de visión -objetivos-. Incluso sostienen que mejoran la comunicación cuando se juega en familia o en línea. Los videojuegos se emplean también como entretenimiento en clínicas y hospitales, así como en ciertas terapias de rehabilitación. También hay facultades académicas y educativas que usan los videojuegos para potenciar habilidades de los alumnos.

Mas específicamente en el terreno de los juegos de azar, estudios recientes han arrojado resultados "positivos" respecto a las consecuencias devenidas del hábito de jugar a través de Internet. Dos nuevas investigaciones científicas han demostrado, por un lado,  que los juegos de casinos en línea pueden generar un efecto positivo sobre el cerebro y la capacidad de realizar tareas complejas, mientras que por en el otro se refuerza la teoría de que pueden reducir los niveles de estrés.

Para el primer caso, el profesor de psicología Rolf Nelson sometió a prueba a 20 estudiantes de la escuela de
Wheaton, de Illinois, en Estados Unidos. Un grupo jugó a un título de acción mientras que el otro se dedicó a jugar a uno de puzzles. Tras finalizar el experimento la conclusión final arrojó que los estudiantes que jugaron al juego de acción resolvieron el problema más rápidamente pero de modo menos exacto, mientras que los que jugaron al juego de puzzles resolvieron el problema de forma más correcta pero empleando más tiempo. En cualquier caso ambos grupos se encontraban más preparados para la resolución del problema después de jugar.

Para el segundo caso, el estudio que se llevó a cabo en la Universidad  McGill en Montreal demostró que en la mitad de los participantes que intervinieron en una partida de póker los niveles de cortisol -una hormona del estrés- se redujeron en un 17% durante el transcurso del partido. Si bien este tipo de estudio comprueba que el póker online puede terminar siendo un buen aporte a la salud de un adulto, basándose en el éxito de la investigación los expertos confían en que existen buenas razones para pensar que otros juegos de carácter virtual pueden arrojar idénticos resultados.

En medio de la indagación científica acerca de las consecuencias compulsivas que puede provocar una práctica desmesurada del juego, un estudio realizado por Howard Sheffer -un científico de la Universidad de Hardvard- comprobó hace dos años atrás que los juegos de azar online son menos adictivos que los juegos tradicionales de carácter presencial. En un claro desafío, quizás, a una creencia actual generalizada acerca del incremento de la ludopatía asociada más que nada  a la expansión de las apuestas online, la investigación concluye en que las probabilidades de adicción a través del juego por Internet son mucho menores que las que existen cuando se trata de un juego presencial.

Otro dato revelador de dicha investigación indicó que los jugadores online se muestran mucho más respetuosos, mesurados, en general actúan con mucha más prudencia que aquellos que juegan de manera presencial. Según el mencionado estudio, una persona que se encuentra en un casino real ante una inminente derrota se frustrará mucho más que aquella que se encuentra viviendo dicha derrota en la comodidad de su hogar. Para el experto, estas revelaciones académicas reflejan que el factor online no representa un motivo para que los jugadores se vuelvan mas adictos, de hecho, menciona que las prohibiciones que muchos países mantienen contra los juegos de azar en línea son injustificadas.

El avance de la ciencia acerca de estos nuevos postulados parecería brindar una imagen más positiva acerca del impacto bio-psicosocial de los juegos interactivos o en línea. Sin  embargo, cabe recordar que si bien las muestras pueden resultar probatorias de dichas teorías, no se puede vulnerar la subjetividad de cada individuo, por lo que la estructura psíquica de cada sujeto determinará en parte su nivel de dependencia o autonomía respecto a un juego compulsivo y su capacidad para asimilar las consecuencias de este tipo de hábito. En todo caso, intervendrán también siempre factores individuales, científicos y sociales. O sea que, la comunidad científica y la búsqueda de nuevos paradigmas, como así también la influencia de las instituciones de la sociedad como los medios de comunicación tendrán siempre una mirada subjetiva acerca del comportamiento de estos fenómenos. Más allá de los postulados, del orden social del que provengan, es cierto que la ludopatía viene en aumento dentro de una etapa de revolución, diversificación y expansión del juego y las apuestas por Internet. Cualquier mirada sesgada de esta realidad redundaría en explicaciones reduccionistas acerca de un fenómeno y una industria que, por su complejidad, no admite evaluaciones aisladas de su forma y contenido.


 

 


 
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