Argentina Espanta A Los Interesados En Cirsa

El proceso de venta del gigante de juego Cirsa se ha encontrado con la reticencia de los potenciales compradores a adquirir el negocio de la empresa española en Argentina. Si la filial argentina fuera retirada de la potencial operación, Blackstone es la firma con la mejor oferta hasta el momento. Advent ha desistido de pujar por la empresa de la familia Lao, cuyo valor de empresa oscila entre 1.500 y 2.000 millones de euros.

El proceso de venta del gigante del juego Cirsa se ha convertido en un desafío para sus promotores, que están encontrando reticencias entre los interesados. Si primero renunciaron a una oferta pública de venta de acciones (OPV) ante el déficit de transparencia de la empresa, ahora han accedido a sacar el negocio en Argentina del cuaderno de venta.

Entre los motivos figuran la reciente detención de quien fuera socio local en Argentina, Cristóbal López, a quien se le acusa de evadir 450 millones de euros al fisco, y el curioso limbo en el que se encuentran los dos casinos de Cirsa en Buenos Aires: para sortear las prohibiciones a la actividad de juego en la región, usa dos barcos sobre el Río de la Plata, a los que se atribuyen unas horas de navegación inferiores a las reglamentarias y un riesgo de perder sus concesiones, que vencen en 2019.

A este problema se suman otros sobre el conocido como compliance de la empresa. Estas circunstancias ha contribuido a que uno de los cuatro fondos inicialmente interesados, Advent, haya decidido retirarse de la puja. Esta firma ya tiene inversiones en el mundo del juego, en la empresa chilena Enjoy, y la adquisición de Cirsa le obligaría a fusionar este negocio local con su participada, lo que no encaja con los intereses del fondo de inversión.

De los tres fondos restantes en la pugna por el gigante de juego de la familia Lao, Blackstone ha sido el que ha presentado la mejor oferta, frente a las propuestas de Apollo y Cerberus. Las tres son firmas especializadas en empresas en apuros, a las que sanean y preparan para su venta. La actividad de estos fondos es bien conocida en España, especialmente por sus operaciones en los sectores inmobiliario y financiero.

A mediados de febrero concluyó el proceso para la presentación de ofertas no vinculantes. Ahora, se inicia otra fase de ocho semanas de duración para la venta del grupo al mejor postor. Concluirá a finales de marzo, si concluye, ya
que en el sector tanto del juego como financiero ya se ha catalogado la transacción de compleja.

Para la venta, el grupo Nortia, perteneciente a Manuel Lao Hernández y a su familia, tiene contratado a Lazard. El valor de empresa de Cirsa oscila entre 1.500 millones y 2.000 millones de euros, una vez incluida la deuda, en la que figuran dos emisiones vivas de bonos por 950 millones a tipos de interés superiores al 5,7%.

Una de las cuestiones que han surgido en las presentaciones a los analistas es la posible fusión entre Cirsa y Codere. La operación procuraría unas sinergias de entre 50 y 100 millones de euros solo por la vía del ahorro de costes, al tiempo que daría origen a un grupo con más de 95.000 máquinas recreativas. Cirsa genera un ebitda de 400 millones y una facturación de 1.600 millones, mientras que el beneficio bruto de explotación y los ingresos de Codere ascienden a 275 millones y unos 1.500 millones, respectivamente.

Si la fusión se formulase en términos ventajosos, sería una buena opción de salida para la quincena de fondos integrada en el capital de Codere. A ello puede contribuir el previsible buen entendimiento entre Blackstone y Silver Point, uno de los fondos que han capitaneado el descabalgamiento de la familia Martínez Sampedro de la dirección de Codere.

Sin embargo, existen dudas acerca del encaje de esta hipotética operación, que podría encontrarse con serias restricciones de las autoridades de Competencia en España y en países latinoamericanos como Panamá.

Entre los antiguos gestores de Codere existe, además, un mal recuerdo de Blackstone y su actitud en los momentos de mayor dificultad de la empresa. Según su relato, la firma compró seguros ante impagos de bonos de Codere, los CDS (credit default swaps), y en paralelo se hizo con 100 millones de deuda sénior al 4% al conocer las dificultades de la empresa. Luego, acabó participando en una renovación de deuda en la que se exigieron tipos del 40% y se forzó el cobro de los CDS, con lo que Blackstone ganó 15 millones.


 

 

Fuente:www.expansion.com

 

 


 

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