Adictos Al Juego También Tienen Problemas Con La Justicia

Un estudio elaborado por la Unidad de Juego Patológico del Consorci Sanitari del Maresme (CSdM) en Cataluña, analiza el alto grado de adicción que impone el juego por internet con respecto a otras modalidades, como las máquinas tragamonedas. Uno de cada cuatro pacientes que llegan al centro tiene problemas con el juego online, una adicción que ya supera la del juego presencial y que genera graves problemas con la justicia.

"Es un caso de alarma social", define Cristina Martínez, psicóloga de la unidad que se ubica en el hospital de Mataró "porque los enfermos son cada vez más jóvenes". El perfil del jugador online es de un hombre de 28 años, con estudios universitarios o superiores, laboralmente activos y con cargos importantes en su empresa que requieren formación a nivel de gerencia o dirección.

Sólo en el circuito de la comarca del Maresme se contabilizan unos 300 pacientes, "aunque no son todos los que precisarían el tratamiento", añade la psicóloga. "Únicamente un 10% de los adictos al juego acaba pidiendo ayuda en el transcurso de su enfermedad".

"Están tan desesperados", afirman, que llegan a falsificar o estafar a familiares y empresas, hasta que deben rendir cuentas. El 21% de los jugadores online acaba teniendo problemas con la justicia, frente al 8% de los jugadores de tragaperras. "Al jugador no hay que rescatarlo económicamente", sino motivarlo a someterse a un tratamiento, advierten desde la unidad, "ayudarles alimenta que sus actos no tengan consecuencias" y vuelvan a recaer fácilmente en su adicción.

"Reaccionan cuando tocan fondo y ven la magnitud de sus consecuencias", relata la psicóloga. "Todas las áreas del individuo quedan afectadas por el juego" y se entra en una etapa de desesperación que les motiva a acceder al tratamiento. Desde que se empieza a jugar hasta que se desarrolla la adicción del juego online pueden pasar cuatro años.

Derivado desde el médico de cabecera, donde ya llega abstinente, el paciente pasa por una serie de entrevistas clínicas, "en las que se explora todas las áreas de la persona" antes de entrar a una terapia individual o en sesiones de grupo psicoeducativo, "donde reciben estrategias contra la ansiedad al juego".

Los casos más graves conllevan comorbilidad psiquiátrica (otras enfermedades relacionadas o coexistentes en relación con el diagnóstico inicial). Los pacientes suelen presentar trastornos de ansiedad, depresión o esquizofrenia "para los que es preciso un tratamiento farmacológico". Otros presentan comorbilidad de trastornos adictivos a sustancias asociadas a la adicción al juego, tales como el alcoholismo o
el consumo de cocaína. En estos casos, el ingreso sería lo más recomendable, pero es una posibilidad que no existe en la red sanitaria pública.

En el CSdM el tiempo de recuperación es muy rápido. Los pacientes que acceden a realizar el tratamiento y no lo abandonan tienen un porcentaje de éxito del 90%. "Pero tenemos el hándicap -reconocen- de los que se marchan y desconocemos por qué lo hacen".

Las recaídas también son muy habituales y existe un porcentaje muy elevado de abandonos de la terapia antes de conseguir los objetivos terapéuticos. "Lo raro es no recaer", lamenta Cristina Martínez. Según el estudio, uno de cada tres jugadores online recae. Intuyen que "los servicios del hospital en horario de mañana no permiten compaginar con el horario laboral".

A raíz de la legalización de la ley de Ordenación del Juego, en vigor desde el 2012, "el número de registros al juego online ha sido brutal", explica Navarro. "El gran poder adictivo del juego online se basa en la facilidad para jugar desde casa, en el anonimato", una posibilidad que facilitan las intensas campañas de publicidad. "La ley habla de regular la publicidad y prohíbe regalar dinero para inducir a jugar, sobre todo a los jóvenes, pero nadie hace nada al respecto", denuncia la psicóloga. "Es un grave problema que está destrozando a muchas familias".

José sólo tiene 42 años pero ya ha pasado por todas las etapas del juego patológico, hasta acabar en prisión. "Toqué fondo, la pelota era tan grande que me hundí", relata. Este es el final de los enfermos de ludopatía. Salió del infierno que se había creado gracias a la ayuda de su familia y de la Unidad de Juego Patológico del hospital de Mataró. Su experiencia sirve ahora de ejemplo a escuelas, donde impacta con su mensaje "porque acabé en la cárcel". Se enganchó a los 17 años con las tragaperras de los bares. Con la mayoría de edad pasó al bingo y finalmente al casino. "Entraba a las tres de la tarde y salía a las tres de la madrugada". Es muy fácil recaer en el juego, "máxime cuando constantemente la publicidad te lo recuerda". Ha vuelto a jugar en tres ocasiones, por lo que insiste en que "se prohíba anunciar el juego como pasa con el alcohol y el tabaco". Ya lleva seis años sin jugar, pero atrás queda un saldo dramático: la ruptura familiar, la pérdida del trabajo y el encarcelamiento.


 

 

Fuente:www.lavanguardia.com

 

 


 

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