"Mi hija está en terapia por la adicción a los videojuegos, tras volverse retraída, agitada y perturbada por jugar casi diez horas al día, a veces hasta el amanecer. Llegó a orinarse encima para no tener que abandonar la pantalla", dijo la madre al periódico The Sunday People.

Se trata de un formato en el que cien jugadores luchan entre sí hasta conseguir que uno se quede en pie. Expertos británicos, según cuenta el citado medio, temen que esta menor sea solo una de muchos niños en riesgo de desarrollar problemas de salud mental como resultado de la sobreexposición a los escenarios de lucha contra la muerte.

En concreto, esta pequeña reconoció haberse levantado, en secreto, durante la noche y estar jugando hasta el amanecer, no ir al baño por no poder dejar la pantalla o golpear a su padre en la cara cuando trataba de confiscarle la videoconsola. "Es un problema que está destruyendo la vida de nuestra niña y alguien tiene que intervenir para que no se convierta en una epidemia", afirmó la madre.

Recientemente, la adicción a los videojuegos fue catalogada como un trastorno de la conducta por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El papel de los padres resulta fundamental para evitar tal fin, supervisando y limitando el tiempo de uso para tratar de impedir que, en algunas circunstancias, se llegue a una situación de enganche. "No hay videojuego que cree adicción, sino personas que se enganchan a ellos", apuntó Jorge Flores, fundador y director de PantallasAmigas.

Estímulos, retos, recompensas..., son factores que satisfacen a los niños, haciéndoles que encuentren motivaciones en el videojuego que no son capaces de tener en su entorno. "Eso hace que absorba su tiempo, por ello los padres deben hacerles ver que hay otras cosas para poder hacer en el día a día", insistió Flores.

"Es importante que los padres supervisen las opciones de comunicación, que vean el contenido y comprueben los valores que transmite", agregó Flores, tras comentar que los juegos forman parte de la cultura juvenil, de sus preferencias de ocio y de su capital relacional. A través de ellos, conocen a otras personas con las que juegan, colaboran o compiten, y con quienes a veces se enfadan o llegan a tener problemas si no son conscientes del alcance de sus acciones.