"Los lobbistas de las compañías de juegos de azar afiliadas a Confindustria [federación industrial] quisieran sentarse a la mesa conmigo para convencerme de volver sobre mis pasos y no prohibir la publicidad sobre apuestas. Lo siento por ellos, pero no cambio de opinión", dijo en forma tajante Di Maio, respondiendo a las demandas de los operadores de juego que piden abrir una mesa de diálogo, para discutir las regulaciones contenidas en el controvertido "Decreto Dignitá".

"Prohibir la publicidad al juego -agregó Di Maio- es un paso histórico de gran valor cultural. Estoy convencido de que no destruirá el sector del juego legal y, por lo que respecta a la publicidad, las inversiones simplemente serán reemplazadas por las de otras industrias, como fue el caso cuando se prohibió la publicidad del tabaco. En cuanto a una mesa de diálogo conmigo, estoy disponible, siempre que junto a mí también haya asociaciones, no tragamonedas, familiares de las víctimas de ludopatía y otros comités que luchan contra esta plaga de varias maneras, así que también entenderán por qué una medida de este tipo es absolutamenta necesario. Para mí están primero los ciudadanos y su calidad de vida.