El Eurovegas, Pero En Japón

El futuro paraíso de la ruleta y las tragaperras no estará en la periferia madrileña, sino en Osaka. Allí, el magnate Sheldon Adelson quiere invertir 14.000 millones de dólares en un parque temático, complejo no muy diferente del que hace cinco años intentó levantar en Alcorcón.

Japón fue, hasta 2016, el único país desarrollado donde los casinos estaban prohibidos. A finales de junio, la Cámara Baja del Parlamento nipón aprobó la construcción de tres megacasinos con hoteles, restaurantes, y centros de convenciones.

Toru Mihara, experto en el sector de los casinos en la Universidad de Comercio de Osaka, aseguró que el proyecto tendrá "un gran impacto en la economía local". Mientras tanto, la Japan Casino School ya forma a crupiers con un plan de estudios que incluye créditos y prácticas. El centro ha duplicado su número de inscritos en el último año.

Japón es visto a menudo como el Santo Grial de los juegos en Asia debido a una población adinerada, la proximidad a China y el apetito por otras formas de apuestas legales, incluidas las carreras de caballos y el pachinko, un juego de tragamonedas.

Los economistas estiman que la industria de los casinos podría recaudar 2 billones de yenes (unos 25.000 millones de dólares) a 3.7 billones de yenes al año, y los gobiernos nacionales y regionales se preparan para un premio
combinado del 30 por ciento sobre los ingresos de los juegos.

Algunos operadores extranjeros de casinos ya han comenzado a contratar trabajadores japoneses con la esperanza de tener personal local listo para ir cuando los lugares finalmente se abran en cinco o seis años.

Pero Japón ya tiene un problema de juego significativo, con una encuesta del gobierno de 2017 que muestra que aproximadamente 3,2 millones de personas son adictas.

Muchos están enganchados al "pachinko" tipo pinball o en las máquinas tragamonedas "pachislo", que juntas generan anualmente 21,6 billones de yenes en ingresos.

Unos 10.000 salones salpican la nación, muchos de ellos fácilmente accesibles cerca de las estaciones de tren, utilizando vacíos legales para que los ganadores intercambien fichas por dinero en efectivo.

Japón también tiene un mercado de cinco billones de yenes para carreras de caballos, motocicletas, botes y bicicletas controladas por el gobierno, junto con apuestas de fútbol y una lotería.


 

 

Fuente:www.elmundo.es y www.straitstimes.com

 

 


 

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