La Inconducta Y Las Apuestas Aniquilan A Un Astro Británico

Wayne Rooney  es incapaz de regatear a su destino. El muchacho que acumula por igual méritos y deméritos deportivos y escándalos extrafutbolísticos vio en la misma semana cómo los medios británicos los defenestraban, cómo un juez del partido Inglaterra versus Montenegro lo expulsaba y cómo su padre y su tío eran detenidos tras ser relacionados con un supuesto episodio de apuestas ilegales en el partido Motherwell-Hearts de la Liga escocesa.

De "idiota" e "indefendible" calificó hoy la prensa británica al delantero Wayne Rooney tras su expulsión ante Montenegro en el empate en un gol que clasificó de todos modos a Inglaterra a la Eurocopa 2012 por anticipado.

Los principales medios de prensa británicos lo condenaron sin piedad tal como refleja el titular de Times: "An Idiot Abroad", algo así como "Un idiota en el extranjero", idéntica definición adoptada por Daily Telegraph.Para el Daily Mail, en cambio, Rooney fue un "payaso que arruinó la fiesta por la clasificación a la Eurocopa, mientras que The Guardian tituló: "Inglaterra adentro-Rooney afuera", en referencia a la fecha de suspensión que deberá cumplir en el torneo.

La expulsión de Rooney, que se registró cuando Inglaterra aún perdía en Pogdorica, respondió a una falta "estúpida", según los medios, contra Miodrag Dzudovic, y pareció darle la razón a quines aconsejaban que no jugase este partido, por el escándalo por apuestas que derivó en el arresto y posterior liberación bajo fianza de su padre y su tío.

Según la BBC, los dos familiares del delantero internacional inglés formaron parte del entramado de nueve personas afincadas en Merseyside y Glasgow, y que manipularon el partido para obtener beneficio con las apuestas relacionadas con una expulsión. El desmesurado interés de los apostantes en que un jugador viese la tarjeta roja directa se convirtió en sospecha para la policía y la Comisión de Apuestas cuando Steve Jennings fue expulsado por insultar al árbitro a falta de pocos minutos para el final del encuentro. Entre las apuestas que lucraban por este gesto a los que las habían realizado, había alguna de unos seiscientos euros.

Sin embargo, no es la primera vez que Wayne Rooney se ha mostrado incapaz abstraerse de la polémica que le rodea para hacer su trabajo. El mozuelo que quería ser púgil (su padre era monitor de boxeo; y, de hecho, su hermano lo
practica) y acabó siendo futbolista no tuvo una infancia sencilla. El noroeste de Inglaterra continúa siendo un lugar complicado para crecer.

Rooney lo hizo en el seno de una familia con precarios recursos, que completan otro hermano futbolista y una madre que trabajó de camarera y de empleada en una escuela.

Uno de los últimos representantes de la casi desaparecida casta de los bad boys del fútbol ha batido con su apariencia ruda y su demoledor olfato de gol todos los récords de precocidad en Inglaterra. Es el futbolista que debutó más joven en la Premier y en la selección.

Dos temporadas en su Everton natal fueron suficientes para que el Manchester United pagase treinta millones de euros por él. Desde entonces, cuatro Ligas, una Champions y ocho títulos más no han servido para apartarle del retorcido camino de la polémica extradeportiva.

En línea con las detenciones de su padre y de su tío, todos recordaban cuando dejó una deuda de un millón de euros a una casa de apuestas durante meses, su pelea con un seguidor en Manchester o los ataques al que fue su ídolo de niño, Michael Owen.

Su matrimonio en Génova con la mediática Coleen Mcloughlin (a quien conocía desde el colegio) no aportó demasiada mesura a su vida, ya desde el inicio, debido a la manifiesta postura contraria de la Iglesia católica por el escenario del enlace (un monasterio de Génova). Más tarde, las infidelidades del futbolista y su extravagante modo de pedir perdón (le regaló a su esposa un aumento de pecho) arrojaron a ambos al pozo de los tabloides británicos.

Ahora cuenta con el apoyo de su padre y su tío, imputados y liberados bajo fianza, para mantener en alto el dudoso estandarte de ser un de los "chicos malos" del fútbol británico.


 

 


 
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