La Costumbre De La Improvisación

poore.pngPor Federico Poore *

Luego de investigar negocio del juego en Argentina durante casi dos años, llegamos a la conclusión de que sus principales problemas no surgen de la controvertida relación entre políticos y empresarios, sino de la lisa y llana improvisación.

Dicho de otra manera: si bien varios perjuicios (como el desdibujado de los roles de controlador y controlado) nacen de la colisión de intereses, tantos otros son el resultado de medidas provisionales que se apilan unas sobre otras como parches sobre parches, sin que nadie haya propuesto sancionar, desde el vamos, una política virtuosa.

El mejor ejemplo de esto han sido los bingos en la provincia de Buenos Aires.

Originalmente concebidos como "loterías familiares", su funcionamiento fue posible gracias a una ley sancionada durante la gobernación de Antonio Cafiero que permitió la instalación de salas en 32 distritos de la provincia. Casi una década más tarde, mientras se apagaba el furor por los bingos de cartón, algunos bingueros instalaron de facto una serie de máquinas electrónicas. Este cuestionado negocio de tragamonedas en bingos fue reconocido meses más tarde mediante una resolución del Instituto Provincial de Lotería y Casinos (IPLyC), el cual adujo que este negocio - hasta entonces al margen de la ley - era apenas una "variante" del juego original.

En 2003, en medio de la mayor crisis económica de su historia, el gobierno de Felipe Solá le dio fuerza de ley a este esquema, a cambio de la instalación de un control online e impuestos más altos. Sin embargo, cuatro años más tarde, nuevas dificultades económicas llevaron a la provincia a inventar un mecanismo para renovar automáticamente las licencias de los bingos años antes de su vencimiento. Hoy la provincia gobernada por Daniel Scioli tiene la friolera de 46 salas de bingo (la mayor parte de ellas en el conurbano) llenas de máquinas tragamonedas, un fenómeno único en el mundo. Esto ha sido fruto de la improvisación.

Esta especie de "anti-caso de estudio" cobra mayor relevancia a partir del impulso que un grupo de diputados opositores le están dando al debate por las apuestas deportivas que, como se sabe, aún no están reguladas en Argentina. El pasado 5 de agosto, los integrantes de esta "multisectorial" - entre los cuales están la líder del GEN Margarita Stolbizer y el diputado radical Ricardo Vago - pidieron frenar el proyecto del Prode bancado impulsado por la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y el empresario Cristóbal López con el argumento de que la regulación de las apuestas deportivas implicaría "grandes problemas en materia de juego compulsivo."

Participamos junto a Ramón Indart de aquel encuentro con la esperanza de encontrar proyectos alternativos al deficiente modelo del Prode bancado. Sin embargo, nos sorprendimos al encontrar, en casi todas las exposiciones, numerosas simplificaciones y un "no" cerrado a discutir
modelos superadores lo cual, paradójicamente, le hace el juego a aquellos que buscan sacar por decreto un modelo que no discutieron con nadie.

En este contexto, se escuchó a legisladores hablar, indiscriminadamente, de casinos y Prode bancado, de juego online y apuestas deportivas. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Existe una diferencia crucial entre las salas físicas y las apuestas online, y es que muchos sitios activos de online gambling permiten hacer apuestas desde cualquier parte del mundo. Si un casino físico comienza a funcionar en nuestro país sin habilitación, las autoridades pueden ir hasta el lugar y clausurarlo. Pero si un sitio como el británico Bet365 comienza a tomar apuestas para el torneo local, no hay mucho que se pueda hacer desde Argentina para impedirlo (más allá de conseguir un amparo para bloquear la dirección IP, algo así como tapar el sol con una mano, tal como lo prueba el reciente caso de The Pirate Bay).

Hoy existen sitios, relativamente populares, que reciben apuestas de jugadores argentinos, quienes cargan "crédito" por medio de transferencias bancarias. Es decir que las apuestas deportivas en Argentina no están reguladas pero existen. No alcanza con sacar una ley o resolución prohibiéndolas.

Los modelos para regular son potencialmente infinitos, y cada país puede crear los que más crea convenientes según los objetivos perseguidos. Para empezar, puede desarrollar un monopolio estatal, entregarle todo el negocio a un privado o abrir competencias entre distintos operadores. Luego puede pensar distintos niveles de seguridad para eliminar o combatir algunos de los problemas planteados (ludopatía lavado de dinero, la presencia de menores apostando), por ejemplo, la registración obligatoria en el sitio contra la presentación de una cuenta bancaria a nombre del jugador. Se pueden discutir mayores controles antes de que el apostador quede habilitado para jugar, como la ausencia de deudas ante la AFIP.

Quedan otras preguntas, no menos importantes: ¿a qué gobiernos (nacional, provinciales) y en base a qué control tributarán estos nuevos operadores? ¿Se podrá apostar desde las agencias o sólo desde una PC? ¿Se va a crear, como sucedió en Europa, una entidad independiente que vigile los intentos de arreglar partidos?

Como dijimos durante el encuentro del 5 de agosto, tenemos la oportunidad única de pensar un modelo desde cero. Sin embargo, la ignorancia y los posicionamientos políticos genéricos atentan contra esta idea. Regalarle este debate a la AFA es un acto de irresponsabilidad.


 

 

*Periodista. Coautor junto a Ramón Indart de El poder del juego. El gran negocio de la política argentina (Aguilar, 2014)

 

 


 
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