Caballos Que No Galopan

Un detalle discursivo que se repite como símbolo de algo que se mantiene profundamente en ebullición, y que comienza a corroer fuentes de trabajo, ánimos, perspectivas, en fin, la alegría que (los entrevistados concuerdan) se viene edificando desde hace dos años en el hipódromo de Azul. No una alegría fofa, de telenovela efectista y rebosante de clichés: hablamos de una alegría que linda con la dignidad de poder desarrollar un oficio, una profesión con el valor agregado de la pasión como hilo de todas las cuentas del collar del turf. Una alegría que, como la buena felicidad, no siempre se nota. Esa es la alegría que se está ensombreciendo.

Ese detalle discursivo, en este contexto y al repetirse, deja de ser detalle. ¿De qué se trata y por qué llama la atención periodística? Casi todos los entrevistados refieren al esplendor de la actividad en tiempo pasado. "En Azul es como que estaba todo cerca, los premios estaban bien, se podía correr", "estábamos pasando por un momento extraordinario", "mucha gente, no sólo de la provincia de Buenos Aires sino del todo el país, nos acercaban caballos para competir acá", "esto estaba yendo muy bien, estaba viniendo mucha gente en familia, se estaba armando un circo hermoso". Algunos de los ejemplos que van a encontrar a lo largo de esta nota del diario El Tiempo, todos testimonios que transforman en pretérito la bonanza de un devenir que comenzó en 2016.

"Se creó un gravamen adicional a las máquinas tragamonedas y esa diferencia fue destinada al Estado provincial para sus gastos corrientes y parte para crear este fondo del turf que se llama Fondo de Reparación. Esto permite desarrollar la actividad tanto en Azul, Tandil y en todos los hipódromos oficiales de la provincia. El dinero está pero no se destina a lo que por Ley establece, que es a la actividad hípica. Si ellos desean cambiar los montos o no pagar más este fondo, tendrían que cambiar la Ley, pero mientras esté vigente están incurriendo en un incumplimiento", decía el lunes el dirigente del Jockey Club de Azul Santiago Zaffora. Aunque sintetizada, esa es la relevancia de ese subsidio que hoy no está llegando a esta ciudad a partir de decisiones políticas del gobierno provincial.

Y las excusas que ofenden cualquier inteligencia (un error de sistema aduce el IPLyC) no arreglan la desazón que se pudo palpar en el reducto norteño de Mujica y Las Flores. Allí, enfocados pese a todo en desarrollar las labores habituales, seis trabajadores dejaron traslucir en sus palabras un agrio cóctel nutrido por incertidumbre, tristeza, incomprensión y rabia. Serán ellos los aquí den peso, genuinamente, a la circunstancia que los involucra; en Azul son aproximadamente 400 familias las que disponen en el turf de un ingreso monetario (de manera más o menos directa). A todos ellos (valiéndonos de lo dicho por una entrevistada), "la quita de subsidio nos corta las manos". Y debe ser así nomás: porque sin manos, las riendas las toman otros.

Adrián Martínez es entrenador. Mientras el sol hace ver que algo de veranito aun perdura, explica su desempeño semanal diciendo que "cuando alguien compra un caballo de carreras, ya sea en un remate o en el haras directamente, busca un entrenador, que se ocupa de cuidarlo y entrenarlo. En mi caso, yo lo entreno al caballo, pero éste tiene su peón, su herrero, su veterinario, un grupo de siete, ocho personas que pasan los días directa o indirectamente con el caballo".

-¿En qué grado te afecta esta circunstancia?

-Nos afecta en mucho, porque la verdad que el hipódromo estaba en alza, habían hecho un montón de cosas muy buenas. Mucha gente, no sólo de la provincia de Buenos Aires sino del todo el país, nos acercaban caballos para competir acá; yo les cuido a caballerizas de Tucumán, de Neuquén, de Córdoba.

-¿Esta es tu fuente de trabajo principal?

-Es mi único trabajo. Además de ser una pasión, como fuente de laburo es la principal. O sea vivimos de los caballos de carrera y de las carreras. Si los caballos no pudieran competir, no podríamos vivir de esto.

-¿Si se diera así, vos serías un desocupado?

-Sí, seguro que sí. No solamente yo, sino también los chicos que laburan conmigo y todas las personas afectadas. Porque no es que el caballo se agarra del campo y se lo lleva a correr al hipódromo; hay todo un trabajo previo: desde que el potrillo llega al stud pasa por el domador y tiene su peón, su capataz, su sereno, su veterinario, su herrero. Hay un montón de gente que está atrás de un solo caballo y en Azul hay más de 200.

-Desde tu lugar y tu experiencia, ¿qué lectura hacés de la decisión del Instituto de no enviar los fondos necesarios, surgidos por ley?

-La verdad que no se entiende. Las cosas se están haciendo muy bien acá. Yo estoy en contacto con gente de la comisión todos los días, no somos amigos pero hablamos siempre y sé que están haciendo las cosas bien. El hipódromo de Azul está entre los mejores de la provincia y que nos pase esto nos da mucha preocupación y tristeza, porque, ya te digo, es la fuente de trabajo de un montón de gente.

"Somos muchos los que trabajamos acá. Quizá la gente no se da cuenta, pero alrededor de un caballo hay 10, 12 personas. Esto estaba yendo muy bien, estaba viniendo mucha gente en familia, se estaba armando un circo hermoso. Pero, bueno, con la cuestión de estos problemitas que están pasando en el país, nos afectó muchísimo". César Huerta culmina la alimentación de unos cinco caballos "vecinos" antes de disponerse a charlar con este medio. Es jockey y cuidador, tiene más de 40 años, tres hijas a las que mantiene con su trabajo y asegura que no sabe hacer otra cosa que lo que hace cada día desde que el sol sale.

-¿Tenés otra posibilidad laboral a la que recurrir?

-La verdad es que yo nací con esto, nací con los caballos de carrera. Fui peón, jockey, cuidador y no sé hacer otra cosa. Es mi profesión y si me sacan esto, hace de cuenta que me sacan media vida.

Mi vida es esto: me levanto a las 5.30 de la mañana, me voy a las 11, vuelvo a las 2 de la tarde y me quedo hasta la noche. Esto es una pasión y no queremos que se termine nunca. Yo me acuesto mal, me levanto nervioso porque no sabés lo que va a pasar, esperando a que se solucione. Si no hay carreras nos cortan las manos.

-¿Tus compañeros de trabajo, con los que compartís un mate, qué actitud tienen ante esta situación?

-Opinan medio parecido a mí. No saben qué hacer y dicen "vamos a hacer una reunión" o "vamos a juntarnos para ver con quién tenemos que hablar". Pero en esta profesión, a veces hay que no sabemos bien para dónde agarrar, porque es una profesión que no está muy cercana a lo que se hace. Nunca sabemos nada.

-¿De qué manera podrían argumentar los dirigentes provinciales la no entrega del subsidio?

-Yo lo que te sé decir es que desde que tengo uso de razón, este hipódromo nunca estuvo como el año pasado y el anterior. Tengo 44 años y lo que se ha laburado, la gente que ha venido y cómo lo han mejorado al hipódromo, no puedo entender todavía por qué le quieren sacar el subsidio.

"ESTO PINTA COMO PARA DERRUMBARSE"

A Javier Fay, presidente del Jockey Club de Azul, le propusimos entrevistarlo pero en "versión" veterinario. Claro que éste no puede dejar de lado al dirigente, lo que como autoridad conoce, analiza y siente. Pero hicimos el intento y el diálogo se le propuso al trabajador veterinario, el mismo que reconoce portar una "preocupación extrema".

-¿De qué manera se ve afectada su posibilidad laboral en esta circunstancia?

-Realmente en mi rol profesional, yo me veo muy afectado como todos mis colegas que vienen acá. A este hipódromo y al de Tandil acuden veterinarios de todos lados, que se llegan una vez por mes por la cantidad de caballos que hay. El parque caballar que tienen estos dos hipódromos y toda la zona de influencia da para que acá se haga un corredor hípico importantísimo.

En mi caso puntual, soy veterinario de equinos y el cien por cien de mi trabajo pasa por esto, no me dedico a otros animales. La preocupación es extrema, porque veo que en esta situación y como se van dando las cosas, esto se va a poner peor. Estábamos pasando por un momento extraordinario, la cantidad de boxes que tenemos en la villa
hípica y en los alrededores no daban a vasto. Esto pinta como para derrumbarse a corto o mediano plazo.

-Como profesional veterinario, ¿si no hay hipódromo no hay trabajo?

-Como veterinario (más allá de que soy dirigente) puedo dar fe que el turf es una industria, cosa que el gobierno no quiere ver o le cuesta darse cuenta; es una industria que genera muchísimo trabajo. Puedo dar fe que si esto se lleva adelante como lo piensa el gobierno, va a tender a desaparecer.

En todo el mundo es imposible que el turf se mantenga sin algún tipo de ayuda o subvención del Estado, y en Argentina no va a ser la excepción. Si el gobierno se empecina con sacar esto y directamente llevarlo a cero, sin buscar una alternativa, la respuesta a tu pregunta es que es imposible que haya actividad y trabajo para nosotros.

-¿Advierte pesimismo y resignación entre los trabajadores? ¿O aún es posible alimentar esperanzas?

-Sabemos lo que es haber vivido una época pujante del hipódromo, como nos tocó durante 2016 y 2017, y estar -como se dice- en la cresta de la ola. Y venir ahora al hipódromo y ver lo que pasa, te llena de tristeza. A mí me amarga mucho, el otro día lo comentaba en mi ámbito familiar, lo estoy pasando muy mal. Y así como me pasa a mí le está pasando a todos los trabajadores del turf. Hay un clima de incertidumbre total y de tristeza. Un año atrás, acá estábamos de festejo total, celebrando todos los logros que íbamos llevando adelante. Todo se multiplicaba hacia arriba de manera exponencial, y hoy estamos tratando de ver cómo podemos revertir esto para subsistir.

"LO VIVIMOS COMO UNA TRISTEZA ENORME"

Diego Ballesteros es propietario de dos caballos. Reconoce que en el turf encuentra una familia que comparte la pasión que su familia de sangre le supo transmitir. Habla de incertidumbre, tristeza, de industria del turf. "Estamos viviendo esta incertidumbre del turf, lo vivimos como una tristeza enorme. Nosotros ya venimos de familia y no podemos creer todo lo que está pasando, saber que está desapareciendo el tema del turf", dice en el comienzo de una charla al pie de la tribuna oficial del hipódromo.

-¿Cómo se ha desarrollado el vínculo de su familia con el turf?

-Desde chiquito andamos con los caballos de carreras, mi viejo siempre tuvo y después, nos hicimos grandes y seguimos el mismo camino. La industria del turf sabemos lo que es, todo esto causa tristeza.

El turf le da de comer a mucha gente, de hecho la industria del turf es mucho más grande que la automotriz. Pienso que hay que esperar, hay que tener fe y que entre todos podamos tener una solución de parte del gobierno.

-¿Hay argumentos de parte del Instituto para ustedes poder entender la decisión de no mandar el dinero?

-Lo entendemos en base a lo que el gobierno dice. Pero el turf es muy grande y no tiene que desaparecer para nada, hay mucha gente trabajando. Ustedes saben la gente que trabaja un caballo: veterinario, peón, capataz, sereno, cuidador, la gente que traslada a los caballos para correr en los hipódromos grandes. Pero, como te decía, no hay que perder la esperanza. La industria del turf es familia.

-Si las suspensiones se mantuviesen, ¿como propietario qué conducta adoptaría?

-Sería una lástima porque nos queda muy bien que en Azul haya carreras. Pero, bueno, como se hizo toda la vida, se cambia de hipódromo en el sentido que todos los caballos de acá van a correr adentro.

"LA QUITA NOS CORTA LAS MANOS"

María Cristina Medina nació en San Isidro, pero, asegura, ser azuleña por adopción. Ha realizado el curso de peón, fue "jocketa" y capataz y hoy es propietaria. "Ahora invertí, tengo una yegua y estoy al cuida", comenta sin dejar de relojear lo que su caballo hace en la pista.

"Con esto de que nos corten los subsidios, nosotros no podemos tener la posibilidad de llegar a correr acá y nos suma mucho gasto llegar a correr a los hipódromos de Palermo, San Isidro y La Plata", dice.

"El hipódromo creció mucho: en premios, en sus instalaciones; Azul es uno de los hipódromos que más gente ha atraído siempre, Azul es muy burrero. Esto que nos quitan los subsidios es como que nos cortan las manos. Acá se genera el trabajo y la paga del peón, del capataz, toda la gente que trabaja adentro, con las reuniones se genera y se puede pagar", destaca.

-¿Si no hay carreras, el hipódromo es un "engranaje" que queda muerto?

-Exacto. Y para poder correr adentro hay que tener caballo con mucha condición y tener una base como para pagar los gastos. Entonces, acá en Azul es como que estaba todo cerca, los premios estaban bien, se podía correr, podían tener uno o dos caballitos los que les gusta. La quita de subsidio nos corta las manos.

-¿Sus posibilidades laborales hasta qué punto se ven afectadas por este escenario?

-¡Me afecta en todo! Porque yo recién empiezo con una yegua, a cuidarla de cero y me suma gastos. Todavía no la he podido debutar y mi intensión era que debutará en Azul, para ver cómo andaba. Y los gastos, ¿viste? Si no generás...

-¿Qué reacción de tus compañeros notás frente a una nueva suspensión?

-Están muy mal. Hay gente que quiere cobrar, no han mandado la plata para cobrar los premios de la carrera anterior. La gente anotó, el viernes anotó, hay carreras llenas con 20, 25 caballos, todas las llamadas de inscripción está toda llena. Hay movimiento, hay caballos, pero no mandan la plata.

-¿Por el costado deportivo no podrían justificar la quita?

-No, no, acá la gente da el corazón. La gente que está siente un amor por el turf, todo lo que hacen; hay gente que no ha cobrado y siguen estando como si hubiesen cobrado.

Herrador desde 1994, ocho años después comenzó a viajar desde su Olavarría natal a Azul. Ha visto bastante de todo el devenir de la actividad turfística en Azul, y por eso destaca la gestión que tomó forma en los últimos dos años. Se llama Fito Gottfrid y lo primero que dice es que "uno ha visto crecer esto exponencialmente en los últimos dos años: en la parte administrativa, en la cuestión deportiva, todo eso ha generado una confianza en la gente, que se ha acercado mucho al hipódromo. La gente de Azul es muy burrera, es muy del caballo de carreras".

-Tres pruebas programadas en 2018, sólo una concretada. ¿Cómo afecta tu estabilidad laboral?

-En lo personal me afectaría a mí y a todos los trabajadores del sector. El hipódromo de Azul está concentrando la actividad hípica de toda la región y la mayoría de los profesionales que trabajamos acá, nos vemos en la zona: Olavarría, Bolívar, Rauch, Ayacucho, Tandil. Todas esas ciudades vecinas también se verían muy afectadas si esta situación no mejora.

Aparte, esto no es una actividad que vos puedas decir "bueno, cierro la puerta, nos vamos todos, se terminó". Acá hay animales, seres vivos que necesitan comer, entrenarse, es un gasto continuo. Con esta nueva administración, mucha gente tomó confianza, entonces invirtió en caballos. Así que sería como tirar por la borda todo lo que se viene haciendo en los últimos dos años.

-¿Qué estado de ánimo general notas entre tus compañeros?

-En la gente hay un gran desgano, la gente está empezando a bajar los brazos ante esta situación. De pronto teníamos un gobierno que hace dos años tenía una frase de cabecera en la campaña: "Sí, se puede". Ahora lo único que estamos viendo, y lo estamos viendo nosotros en carne propia, es que nos están diciendo "no se puede".

Nota del periodista Silvio Randazzo y el fotógrafo Nicolás Murcia


 

 

Fuente:www.diarioeltiempo.com.ar

 

 


 

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