Muy Impresionante, Pero...

Por Fabián Bataglia

Macao, uno de los emporios mundiales de los juegos de azar, se presenta a los ojos de muchos especialistas como una amenaza para la industria en las Vegas. Cada casino y sala de juego que se abre en aquella península de Lejano Oriente refuerza la idea de una ciudad que no quiere ser aventajada en este negocio. Sin embargo, Macao puede no ser una experiencia apasionante para jugadores inadvertidos.

Según la Oficina de inspección y Coordinación de Juegos de Azar en Macao, en diciembre último los ingresos de los casinos en esta región llegaron a 2400 millones de dólares, casi la mitad de los ingresos anuales de Las Vegas. Sin embargo, la experiencia de un aficionado a los juegos de azar en la ex colonia portuguesa indican que los operadores de Las Vegas no deberían estar tan preocupados.

Adan Lasker, un estudiante de la escuela de negocios de Los Ángeles y visitante asiduo de las salas de Las Vegas, pasó una temporada en el sudeste asiático y logró una deseada visita a Macao. Lasker, un apasionado por el juego, el licor y las largas noches de fiestas, pensó que su paso por Macao sería una experiencia para recordar y, ciertamente, le será muy difícil olvidarla.

Los casinos de Macao son mucho más grandes e impresionantes que los de Las Vegas, en donde se destacan el Macao Wynn y el MGM y, el más impresionante de todos, el Gran Lisboa, propiedad del magnate Stanley Ho. La atmósfera que se vive es completamente diferente a la de los casinos de Nevada; son tranquilos, no hay gente gritando, no hay personas ebrias deambulando ni muchachos golpeando su bebida sobre la mesa de dados. Bastante diferente al clima que se vive en los casinos de Las Vegas.

Lasker explica que es muy difícil de encontrar personas ebrias en Macao, ya que los jugadores chinos prefieren tomar café o té con el objetivo de quedarse todo el día amarrados a su mesa, muy serios y concentrados. Para el visitante afecto a Las Vegas, conseguir una bebida alcohólica también es un problema ya que sólo se consigue en los restaurantes y los precios no son recomendables para
visitantes cortos de efectivo. Adan, a pesar de de ir en contra de su voluntad, tuvo que mantenerse sobrio toda su estadía.

También bastante problemático fue buscar un lugar para comer a precios accesibles. Por lo general, los restaurantes de los hoteles son excesivamente caros y conseguir comida a precios razonables se convierte en una búsqueda estéril. La idea de una ciudad próspera, de Las Vegas de Lejano Oriente, se desdibujó a los ojos de nuestro visitante cuando no había restaurantes y, la comida que consiguió, se tradujo en otra decepcionante experiencia.  

Decidido a cambiar sus expectativas, y después de un renovado sentido de fe gracias al aditamento de un par de tragos, Lasker decidió hacer lo que había ido a hacer: tratar de obtener algo en los juegos de azar y compensar así las horas que había perdido tratando de buscar la misma diversión que solía encontrar en Las Vegas. Apasionado de los dados, nuestro héroe se encontró con una única mesa de dados en todo el casino.

Dispuesto a mostrarle cómo juegan los estadounidenses, Adan dejó mostrar un fajo de patacas equivalente a quinientos dólares, pero no sólo no pudo jugar sino que tampoco le cambiaron el dinero. Es que en los casinos de Macao la única moneda que se recibe es el dólar de Hong Kong. Su moneda local no es válida para realizar apuestas debido a la tasa de cambio desfavorable. Lasker no sólo no pudo jugar, sino que ante sus quejas logró algo que nunca había vivido en los casinos de Las Vegas: ser expulsado.

La experiencia de este aficionado en la ciudad de Macao puede ser única y personal, pero algo deja en claro para todos aquellos que quieran ir a jugar en sus espectaculares mesas: deben ir bien alimentados, sin ganas de beber mucho y llevar una buena dotación de dólares de Hong Kong.


 

 


 
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