Massa Se Guarda Una Carta Fuerte

poore.pngPor Federico Poore*

El dato político más relevante del mes que acaba de pasar es la creciente polarización entre Daniel Scioli y Mauricio Macri de cara a las presidenciales argentinas de octubre. La contracara del fenómeno, aseguran reportes de diferentes niveles de calidad y confiabilidad, es que Sergio Massa está cayendo en las encuestas. No fue un mes fácil para el líder del Frente Renovador. A principios de mes, mientras Scioli, Macri y la propia presidenta acaparaban las cámaras y micrófonos con sus discursos de apertura de sesiones legislativas, el tigrense se encontró sin un evento-excusa que pudiera usar de plataforma para lanzar un mensaje propio. Ya el 1° de marzo, mientras Cristina Fernández anunciaba su proyecto de estatización de trenes, Massa lanzó en su cuenta de Twitter su contrapropuesta: estatizar el juego.

No es la primera vez que alguien agita la idea. A mediados de 2012, en plena crisis por el pago de aguinaldos en provincia de Buenos Aires (punto álgido de la guerra fría entre Scioli y el gobierno nacional), los representantes del kirchnerismo duro, con La Cámpora a la cabeza, reflotaron en bloque esa propuesta y hasta bosquejaron algún proyecto que nunca llegó a discutirse. Esta amenaza fantasma, como llamamos a aquel Episodio I estatizador, terminó con un pacto tácito: meterse solo con el negocio de captura de apuestas de Boldt, enemigo público número uno de Amado Boudou, que por entonces comenzaba a acumular traspiés legales en la causa Ciccone. (Las salas de bingo quedaron a salvo de la ofensiva luego de un encuentro entre bingueros y José Ottavis jamás desmentido por el líder de la Juventud Peronista.)

Pero esta vez fue Massa, y no la agrupación juvenil kirchnerista, quien lideró esta ofensiva, transformando aquel tuit-chicana en una calculada estrategia de campaña. El canal que más abiertamente juega a favor del tigrense, América TV, armó sendas mesas de debate e informes especiales en Animales Sueltos y La Cornisa, y machacó con el tema trayendo al piso al peronista todoterreno Francisco de Narváez, al ex lilito Walter Martello y al propio Massa.

¿Por qué este negocio y no otro? Porque la timba, como le gusta decir a Sergio Tomás, es un tema caro al macrismo y al kirchnerismo. Los favores de Scioli hacia los dueños de los bingos y casinos son conocidos: algunos ya fueron develados por los propios camporistas, en momentos donde Gabriel Mariotto no era un sciolista light sino una especie de comisario político que corría por izquierda a su jefe. Los guiños del macrismo al juego, en tanto, son más recientes pero igual de claros: nadie niega hoy las buenas migas entre el "aparato del PRO" -como parece querer visibilizar ahora Gabriela Michetti- y Cristóbal López, el gran beneficiado por la adenda gestionada por Cristian Ritondo que en la práctica implicó la condonación de una deuda de casi
dos mil millones de pesos.

Massa, en cambio, no tiene nada para perder en este debate. Es cierto, más de una vez apareció sonriente en diferentes eventos del Casino de Tigre (Trilenium), que hoy explotan en partes iguales Cristóbal y Boldt, pero nadie puede reclamarle no haber liderado su propia ofensiva contra las salas. Su pase gratis para escapar de las acusaciones de no haber controlado los horarios de los bingos, como sostuvo alguna vez este cronista, es la resolución Nº 2319-6993/10, donde la Asesoría General de Gobierno estableció que el poder de policía en materia de juegos es exclusiva competencia de la provincia. ¿Así que los bingos y casinos bonaerenses, incluyendo la sala de Tigre, están abiertos 20 horas por día? Culpa de Scioli, podrán decir los massistas.

El problema es que no parece haber mucho más detrás de esta ofensiva debajo de la pintura de la guerra discursiva. Si bien Martello prometió crear la Agencia Federal de Juegos de Azar, un órgano colegiado encargado de revisar todos los contratos vigentes, ninguna de las espadas massistas en la Cámara de Diputados se animó a presentar un proyecto en ese sentido. Mientras tanto, y a solo un par de semanas de ingresado, la propuesta de estatización del juego en provincia de Buenos Aires del Frente Renovador (con la firma de Mónica López) duerme el sueño de los justos en algún cajón platense.

¿Es acaso toda esta movida una amenaza para arrancarles a los bingueros fondos de campaña, como dicen las malas lenguas? Faltan elementos para probar una hipótesis tan arriesgada. Pero si la idea de transparentar el negocio es un interés genuino del Frente Renovador, sus líderes harían bien en precisar cuáles son los controles que proponen. Los asesores de Massa deberían avisarle que ahora (y no "después de las presidenciales") es el momento para impulsar la discusión de medidas concretas, porque a este ritmo se queda afuera del ballotage.


 

 

*Periodista. Coautor junto a Ramón Indart de El poder del juego. El gran negocio de la política argentina (Aguilar, 2014)

 

 


 
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