Volver Al Pasado

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Por Juan José Marc*

Un hombre joven, sin curriculum y sin avales que lo potencien, conduce los destinos de los juegos de azar bonaerense. Sin contacto alguno con los medios de comunicación y solo rodeado de la nata selecta de la actividad, más de un avezado de la industria del azar podría cruzarlo en la calle sin poder identificarlo.

Lo que hoy sucede con Matías Lanusse es similar a lo ocurrido hace un año atrás con Melitón Eugenio López, su antecesor en la conducción del Instituto Provincial de Lotería y Casinos de la provincia de Buenos Aires. En el caso del López era peor aún, porque no se sabía ni como escribir su nombre y apellido en forma correcta.

Sin embargo, no todas las similitudes conllevan identidad. A dos meses y días de su asunción, la gestión de Matias Lanusse comienza a recibir críticas de algunos sectores que habían obtenido un espaldarazo como nunca antes desde el ente regulador.

El turf "de adentro" y el del interior de la provincia, la industria hípica que se mueve alrededor de la cría, la cuida y la competencia de los SPC, estuvieron de parabienes exactamente un año.

Bandas de impresentables que manejaban (¿manejaban?) arbitrariamente subsidios millonarios y concesiones de hipódromos del interios fueron desplazadas y reemplazadas por instituciones de la comunidad, mucho mas confiables y creíbles.

Otros explotadores de hipódromos, con más prontuario que
curriculum dejaron de recibir subsidios y si no fueron exonerados de la actividad fue por el apoyo político de algunos oscuros socios locales.

El 19 de noviembre de 2016 el hipódromo de La Plata vivió su día de mayor gloria, refaccionado a pleno, más de 45 mil personas vibraron en la fiesta anual del hipismo bonaerense, coincidente con el aniversario de la fundacion de la ciudad.

Ese día todo andaba.

En las últimas semanas se supo que se ha vuelto a otorgar licencia de funcionamiento y subsidio al HIPODROMO DE DOLORES. Las instalaciones del circo platense ya no son lo que eran. Ni agua, ni tanque de emergencia para abastecer el tattersal, ni aire acondicionado en el salón de propietarios, ni todos los pequeños detalles que contribuían a hermosear el lugar.

Son solo algunos síntomas que se curan con una aspirina. Nada grave y malo esta ocurriendo, pero quien se quema con leche cuando ve la vaca llora, dice el saber popular. Y las estadísticas muestran que por el IPLyC pasa un buen gestionador cada quince años y solo dura unos pocos meses...


 

 

* Editor de http://eldiario.deljuego.com.ar

 

 


 

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