El Hampón

Leopoldo Mendivil

Por Leopoldo Mendivil

El periodista mexicano Leopoldo Mendivil, en un escrito dirigido al presidente de AIEJA, Miguel Angel Ochoa Sánchez, hace un repaso ácido sobre el accionar de Óscar Paredes Arroyo, el empresario del juego que habría falsificado permisos para casinos gracias a sus vínculos con el ex director de Juegos y Sorteo, Roberto Correa Méndez.

DR. MIGUEL ÁNGEL OCHOA SÁNCHEZ, PRESIDENTE DE LA  AIEJA:

Le dan la mano y se toma el pie

Dicho tradicional

Cuando, Fernando Gómez Mont decidió librar a la Secretaría de Gobernación de Roberto Correa Méndez, quien ya se sentía propietario perenne de la dirección general adjunta de Juegos y Sorteos, quizá cometió el error de no ordenar que le revisaran lo que se llevaba. O, con suerte, este personaje de antemano trabajó en la tarea, por si algún día lo necesitara, de aprovisionar su archivo de casa o del cubículo que ocupó en el despacho de su antiguo jefe y maestro, Óscar Paredes Arroyo, OPA, el zar de juego en México y hoy jefe de usted, con copias de los expedientes ilegales que él integró, pero también con varios paquetes de papelería oficial de Gobernación, el machote de permisos de juegos y sorteos, no dudo que algunas computadoras y algo que es muy  importante cuando de documentación oficial hablamos: Sellos...

Y con todo ese equipamiento a buen resguardo, se armó de socios como Juan Iván Peña Néder y otros desconocidos por ser más influyentes, para operar sus propios negocios incluida la elaboración de permisos para abrir centros de apuestas, con todo y los sellos necesarios, como si siguiera siendo el bueno en Juegos y Sorteos.

Naturalmente, Correa Méndez elaboró todos esos permisos con la maestría de un buen falsificador, con fechas correspondientes al período en que manejó el negocio oficial de las apuestas y si usted me demanda pruebas, debo cumplimentar su exigencia, ¿verdad?

Adelante, pues: Se trata de un caso en el que además del fraude al Estado mexicano, que es evidente, también lo fue a sus clientes, los cozumeleños Manuel Delgado Vargas, Miguel Domínguez Povedano y David Gómez, por entregarles el fajo de 18 hojas que les hacía supuestos concesionarios de  juegos y sorteos, pero no les enseñó a negociar con las autoridades isleñas y estatales de Quintana Roo.

Me refiero al permiso DGAJS/SCEVIFP-01/2009, según el cual "una vez que han sido satisfechos los requisitos de la Ley Federal de Juegos y Sorteos y su Reglamento, y considerando la opinión favorable emitida por el Consejo Consultivo de Juegos y Sorteos en su sesión del 30 de enero de 2009, se otorga el siguiente Permiso... para la instalación, apertura y operación de..." (contra la rentable y agradecible costumbre de Correa Méndez de autorizar hasta 50 o más casas de apuestas, sólo...) "una sala de sorteos de números..." a "MVD, S.A. de C.V.", cuyo representante legal fue Delgado Vargas, el dueño de las iniciales que dieron
nombre a la sociedad.

Este permiso entró en vigor el 18 de febrero de 2009 -supuesto día de su otorgamiento-, con vigencia al 18 de noviembre de 2035; 25 felices y enriquecedores años. Y naturalmente llevó en la 18ª página la rúbrica y la firma -curiosamente la primera también y sólo ahí- del hombre cuyo poder fue de tal magnitud que continuó otorgando esa clase de permisos a nombre del Estado mexicano aun después de ser corrido.

Así fue, doctor Ochoa Sánchez, según la copia del permiso que leo mientras le escribo estas letras, pero usted debe también conocer, dada su cercanía de OPA, el verdadero zar del juego en México y el cerebro real de la AIEJA que usted preside -cuyo nombre completo ahora sí puedo escribir: Asociación de Permisionarios, Operadores y Proveedores de la Industria del Entretenimiento y Juego de Apuestas en México, Asociación Civil, pppfff...-.

Pero lo más interesante de esta historia ahora se lo cuento:

Los propietarios del permiso tardaron algún tiempo en montar su flamante y promisorio negocio en Cozumel, la isla mexicana más famosa por los barcos atiborrados de turistas que ahí atracan. Fue hasta la noche del 16 de julio de 2010 cuando abrió sus puertas, con el nombre de Club 21 y relativamente bien pertrechado de clientes y visitantes entre turistas, funcionarios municipales y estatales y conocidos empresarios de la isla, pero sólo por escasas horas porque, pronto, la dirección municipal de Protección Civil suspendió sus operaciones por incurrir en diversas faltas al reglamento.

Y así permaneció, ignoro durante cuánto tiempo ni con qué clase de palancas volvió a operar, hasta que ocurrió la tragedia del Casino Royale de Monterrey, a fines  de agosto de 2011 y la autoridad federal se envalentonó luego de no atender las denuncias de este espacio sobre la descarada corrupción que durante casi todo el gobierno del presidente Calderón se permitió en ese negocio, así que el 5 de noviembre el SAT llegó a Quintana Roo a cerrar cuatro casinos en Cancún y uno en Cozumel, justamente el de esta historia.

Y para no volver a abrir; al menos a la fecha.

Ciertamente ya no operan las empresas Táctica y Estrategia Comercial, Jaguar Enterteinment, Juegos Vallarta Gallet, Juegos de Entretenimiento y Sorteos de Cadereyta y Ferrocarril Endige, en las que en algún momento nuestro héroe apareció como socio, incluso antes de ser cesado de su monopolio oficial.

Algún día volveremos a saber de él. Esperemos que sea cuando ya esté pagando sus hamponadas.


 

 


 

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