La Decadencia De La Hípica En Latinoamérica

En Latinoamérica, los hipódromos han pasado de representar a los sectores más tradicionales de la sociedad a ser recintos poblados por aficionados que siguen con ojos expectantes la combinación de bestia y jinete que, en su corto raid, cumplirá o destruirá sus ambiciones. Sin embargo, también, en la mayoría de los países de América Latina, donde el deporte de los caballos compone una de las más fuertes tradiciones, los problemas económicos y la falta de reactivación golpean al turf.

Las épocas doradas de los hipódromos rebosantes de popularidad, que tuvieron su epicentro durante la primera mitad del siglo XX, parecen haber quedado atrás. En América Latina, donde el deporte de los caballos compone una de las más fuertes tradiciones, los problemas económicos también golpearon muy fuerte al turf. La proliferación de miles de opciones mucho más atractivas para los apostadores, los malos manejos empresariales y la falta de apoyo de los gobiernos, hicieron que algunos hipódromos estuviesen cada vez más vacíos o directamente, abandonados.

En Argentina, si el ojo neófito mira la industria hípica desde las actividades que se llevan a cabo en los hipódromos de Palermo, San Isidro o la Plata, pareciera que el turf está en su mejor momento. Sin embargo, el país no termina en la gran urbe y en las provincias del interior la actividad ha ido mermando hasta casi convertirse en una alegoría de un pasado mucho más promisorio, el cual es añorado por quienes hoy intentan seguir dentro de la industria.

Para muestra sólo basta un botón. Jaled Sufan trabaja en el Hipódromo de Córdoba y explica que las actividades fueron mermando hasta que, hoy en día, sólo se realizan carreras una vez al mes. "Acá hay alrededor de 200 caballos que no solamente corren en el hipódromo sino también en carreras del interior de la provincia o también en Buenos Aires", explica. Jaled cuenta que, a pesar de la caída de la actividad, en el hipódromo se trabaja todos los días y que esporádicamente se realizan remates de pura sangre. Los más viejos, dice, cuentan que en el pasado las cosas iban mucho mejor, pero ahora los organizadores deben hacer malabares para que el turf cordobés no sea sólo cuestión de habitués. Los trabajadores cordobeses del hipódromo no quieren que su pista corra la misma suerte que el de Mar del Plata o Viedma, las cuales ya cerraron sus puertas.

Pero la decadencia de la hípica parece ser una cuestión común en buena parte de América Latina. En Colombia, el turf ha prácticamente desaparecido debido a los malos manejos empresariales y a políticas que no ayudaron a su conservación. Sylvia Kling de Bottero, de la de Asociación de Criadores Caballos de Carrera Pura Sangre Inglesa (P.S.I) explica que desde el año 1987 la hípica colombiana se fue viniendo a pique y que ellos están tratando de reactivarla desde el año 1997. "En 2008, el Hipódromo de Comuneros de Medellín se cerró porque desafortunadamente los dueños vendieron el 51 por ciento a una firma portorriqueña, quienes ganaron todo lo que pudieron aquí y se fueron", explica Sylvia.

Desde esa fecha, algunos empresarios particulares de ese país trataron de darle nueva vida a la hípica colombiana, pero por inexperiencia o desaciertos en la elección de las locaciones para las carreras, hicieron que la industria no funcionara como debiese, que no se pagaran los premios esperados y que, en definitiva, la mayoría de los criadores no quisiera volver al turf. "Nosotros sobrevivimos gracias a la exportación de caballos a Panamá, a pesar que a partir de este año ya no estamos en igualdad de condiciones con los caballos panameños", dice Kling, quien añade que hoy los caballos de carrera no se venden y ellos están trabajando
con caballada para polo.

El proyecto para reactivar los hipódromos en Colombia, cuenta cada vez con más entusiastas y, según cuenta Sylvia "hay una persona interesada en donar un terreno muy cercano a Bogotá y estamos buscando ahora es quien está dispuesto a construir y operar un hipódromo allí". Para ella, hoy las leyes colombianas son inmejorables para toda industria relacionada con los pura sangre y explica que cuentan con el apoyo del gobierno. Sin embargo, hasta el día de hoy están a la búsqueda de alguien que tome la iniciativa y haga realidad el proyecto.

Por su parte, la industria en Perú está pasando por una situación similar en lo concerniente a la decadencia. En una encuesta realizada por el blog "La Hípica Peruana", el 78 por ciento de los encuestados cree que en el hipódromo de Monterrico, principal baluarte del turf peruano, existen prácticas mafiosas. Según se informó, el público cada vez se aleja más de las gradas y de los salones de apuestas, pues creen que las carreras están amañadas. Sin embargo, los responsables de Monterrico creen que el turf en Perú goza de buena salud y que los sus jinetes son reconocidos en todo el mundo por su excelencia. Cabe destacar que durante la década de los '80, el hipódromo de Monterrico se nutrió con máquinas tragamonedas para paliar la baja de los ingresos por apuestas.

En Uruguay, las cosas parecen estar mejorando. Casinos del Estado ha contribuido para la mejora de la pista del hipódromo de Durazno, y sus accionistas están planeando crear una villa hípica de alto nivel, sumando studs para alcanzar status internacional. Para José Quintana Viera de la Federación Ecuestre Uruguaya (FEU) el turf está viviendo un momento esplendoroso y hay hipódromos en casi todas las ciudades departamentales, como en Colonia y Paysand,ú los cuales podrían tener la misma suerte que el Durazno.

"Como el mate amargo, el caballo en Uruguay tiene un apego muy grande, y mucha gente siente pasión por ellos. Hay personas que tratan mejor al caballo que a la familia", bromea. Lo cierto que en el caso de Uruguay, existen muchas inversiones y el público está asistiendo a las carreras, según explica Quintana. Asimismo, dijo que cada vez existen más remates de pura sangre y que se está trabajando en la cruza de anglo-árabes para mejorar la especie.

A fines del siglo XIX y principios del XX el turf era considerado el deporte selecto de la alta burguesía de América Latina. Hoy en franco retroceso, la industria lucha por mantenerse sumando nuevas atracciones tales como las máquinas tragamonedas, juegos de casinos o espectáculos artísticos como en los hipódromos de Argentina, Puerto Rico o Panamá. A pesar de algunos casos alentadores, la industria del caballo de carrera en América Latina dista mucho de compararse con la de países como Estados Unidos, Francia o incluso Honk Kong, por lo que muchos temen que la suerte del Hipódromo de Asunción, dedicado casi exclusivamente a presentar recitales de rock internacional, sea el futuro común de muchos de sus pares latinoamericanos.


 

 


 
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