Lo Que Se Viene: La Batalla Por La Limitación Horaria En Los Bingos

Albertina Dore

Por Albertina Dore

La restricción horaria para el funcionamiento de las casas de juego es un tema que viene ocupando –cada vez con mayor obstinación-  la agenda parlamentaria de diferentes comunas y de la Provincia. Aunque con estas iniciativas no se hayan alcanzado significativos resultados, los operadores saben que, en el corto plazo, deberán enfrentar la gran batalla que cada vez se instala con más fuerza respecto a la limitación horaria. El debate de fondo es el fenómeno de la ludopatía: la intención de neutralizar una patología que en la actualidad refleja el accionar deficitario del Estado en su rol de garante de la salud y los derechos de los usuarios de los juegos de azar.

Las innumerables iniciativas presentadas para regular el horario de bingos y casinos se focalizan sobre una idéntica afirmación: el incremento de la ludopatía está directamente asociado al ilimitado funcionamiento de las salas de juego. Es cierto que las leyes que regulan la actividad lúdica no establecen ningún tipo de margen horario para el funcionamiento de éstas casas de apuestas, por lo que la mayoría de los locales de juego están habilitados durante las 24 horas del día -principalmente las salas de slot-, incluso en localidades que no se caracterizan por ser centros turísticos sino ámbitos de residencia permanente y de trabajo. Es cierto también que los efectos del juego compulsivo impactan con mayor severidad en los sectores sociales de más escasos recursos y, a su vez, más desprotegidos. Pese a esta realidad, la intención de contener la ludopatía no se reduce a una mera restricción horaria. Aún con la implementación de ciertas políticas asistenciales y preventivas -las cuales también pueden ser discutibles- el Estado mantiene una deuda pendiente frente a otros aspectos directamente vinculados al abordaje de dicha problemática.

En principio, la provincia de Buenos Aires no cuenta con investigaciones oficiales que aporten datos cualitativos y estadísticas cuantitativas en base al comportamiento y desarrollo de la ludopatía. En la legislatura bonaerense reposan innumerables proyectos que proponen la creación de un registro de personas que padecen dicha patología, pero hasta el momento ninguno se ha convertido en ley. Por lo tanto, descontando los datos ofrecidos por entidades de la sociedad civil, se desconoce a ciencia cierta el porcentaje de personas afectadas por éste compulsivo hábito de jugar. A esta situación se le suma el hecho de que el único programa provincial de Asistencia y Prevención de la Ludopatía esté dirigido por el Instituto Provincial de Lotería y Casinos, precisamente el mismo ente encargado de la explotación y regulación de los juegos de azar en todo el territorio bonaerense y, que respecto a este hecho puntual, posee competencia exclusiva -por delegación del Ejecutivo Provincial-  para reglamentar los horarios de funcionamiento
de las casas de juego.

Estas falencias o limitadas acciones gubernamentales están acompañadas por la inexistencia de reales y efectivas campañas preventivas de difusión masiva. No se observan políticas de prevención claras, ni tampoco maniobras de concientización sobre la enfermedad. Claramente, puede observarse que el contenido de la publicidad referida al juego redunda en la idea de fomentar e incentivar las apuestas, superando cualquier tipo de mensaje publicitario informativo y preventivo frente a los riesgos de un hábito de carácter compulsivo frente a las mismas.  

Por otro lado, los concesionarios de las casas de apuestas han reaccionado siempre utilizando sistemáticamente idénticos mecanismos de presión para neutralizar cualquier propuesta restrictiva. Como sucedió en las localidades de Moreno, Avellaneda, Olavarría y Necochea, cada vez que se intentó avanzar sobre la limitación horaria de los bingos los operadores amenazaron con recortar el personal para reducir costos, debido a las supuestas pérdidas que deberían soportar producto de la limitación horaria. Sin embargo, pese a los recursos discursivos y judiciales utilizados por las empresas para continuar operando sin margen horario, el sector privado no desconoce que seguramente en un futuro no muy lejano el tema será impostergable y la limitación se estará debatiendo finalmente en la Cámara Baja.

Es que la concurrencia de los apostadores a las salas de bingo ha aumentado significativamente durante los últimos años conforme a la popularidad y proliferación  de las máquinas tragamonedas, unidad de juego que sin duda actualmente produce mayores utilidades que el tradicional juego de cartón. Esta realidad explica en parte la afluencia de público en los locales de juego, pero reducir el problema de la ludopatía a la limitación horaria de las salas de juego sería pretender erradicar la enfermedad sin abordar ni atender el síntoma. El juego, como practica originariamente saludable y hábito de existencia legendaria necesita, en los tiempos actuales, contar con una mayor presencia del Estado respecto al estudio, prevención y asistencia de sus aspectos más nocivos.

 


 

 


 

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