Juego online: auge, negocio y polémica

Por Lorena Oliva

En los últimos tres años, una parte del negocio del póquer, la ruleta y las máquinas tragamonedas parece haberse mudado a la Red: con una expansión explosiva en el país, la oferta de apuestas en línea atrapa a un público cada vez más numeroso. Las cifras del fenómeno, el riesgo de las conductas compulsivas y el vacío legal en que operan las firmas del sector

Ruleta, póquer, tragamonedas, apuestas deportivas, lotería, bowling, carreras de caballos... Sólo basta un simple click de mouse para que una inmensa y sofisticada oferta de juegos de azar se despliegue en nuestra pantalla y nos haga creer, por un instante, que el tanto más inofensivo Solitario de Windows es cosa de la prehistoria.

Es que el mundo de los juegos de azar también se ha visto atravesado por el avance de las nuevas tecnologías, al igual que otros tantos rubros y aspectos de la vida cotidiana. Y a velocidad de vértigo: cuentan que el primer juego de azar en línea nació en Finlandia, en 1996. En nuestro país, el desembarco más o menos formal de las primeras empresas tuvo lugar unos diez años más tarde. Y en estos tres años su presencia en el mercado local -considerado por los expertos del sector como uno de los más atractivos de América latina por su potencial en materia tecnológica- ha crecido de manera tan explosiva que algunos de los pesos más pesados de la industria, como el empresario K Cristóbal López y el grupo español Codere, han realizado ya movidas estratégicas -o están por ahora a la expectativa-, a fin de ganar una posición de liderazgo en un mercado que, se descuenta, va a crecer de manera exponencial en los próximos años.

Dada la condición virtual y dinámica de Internet, no hay datos concluyentes sobre la cantidad de sitios web de juego que ya operan en el país: la cifra oscila entre la treintena y los 300, según diversas fuentes, y todos actúan en un terreno de dudosa legalidad. Pero a esta oferta local hay que sumar la posibilidad que tienen los usuarios de acceder a los sitios internacionales de casinos virtuales, un universo ilimitado como puede comprobarse con sólo rastrearlos en un buscador.

La moda, el marketing publicitario y la posibilidad siempre tentadora de ganar dinero fácil le dan impulso a este boom comercial, pero también se lo dan el más sombrío costado de la privacidad y el anonimato que garantiza la Red, tras el cual pueden esconderse tanto la participación de menores como los riesgos de la ludopatía. En cualquier caso, es un hecho que el azar ha dejado de ser materia exclusiva de casinos, hipódromos y loterías para ingresar en los hogares de la mano de Internet. Y esta convergencia entre los juegos de azar y la tecnología, con todas sus particularidades y riesgos, apunta directo a un target específico, generalmente esquivo a la maquinaria del juego convencional: las jóvenes generaciones, especialmente seducidas por el póquer Texas Hold´em, una variante del póquer que, por ejemplo, ya convoca a 800.000 usuarios locales en la escuela gratuita de la mundialmente famosa Pokerstars, y a un millón y medio de argentinos en Facebook.

Fernando S. comenzó a jugar póquer por Internet en sus tiempos de estudiante secundario, cuando por una cuestión de edad todavía tenía vedado el ingreso a cualquier casino. "El póquer era muy popular entre mis compañeros. Jugábamos vía Internet. Nos contactábamos por chat y nos juntábamos a jugar", recuerda hoy, a sus 20 años. "El año pasado empezamos a dejar -agrega-. Porque nos divierte mucho más juntarnos en la casa de alguno a jugar por fichitas, nunca por plata", aclara, y en su aclaración deja entrever esa falta de aceptación popular que suele tener el mundo de las apuestas por dinero, a pesar de sus enormes esfuerzos por ser asociada con conceptos como el entretenimiento o la socialización.

 

Deporte y entretenimiento

También entre las empresas de juego instaladas en nuestro país se percibe esta misma intención de combatir prejuicios y de ser asociadas, en cambio, con el entretenimiento familiar, inofensivo y alegre, y con las bondades del deporte. Todos los recursos publicitarios y tecnológicos apuntan en esa dirección.

"Lo nuestro no es (apuestas en juegos de azar) sino . Contamos con tantos mecanismos de control para saber a quién tenemos del otro lado que, por eso mismo, no somos los favoritos de los grandes apostadores", asegura Andrés Wasserman, CEO de bwin, filial local de una empresa austríaca líder en apuestas que desembarcó en nuestro país en 2006.

Aquel año, durante una gira internacional de Boca Juniors, podía verse el logo de bwin en la camiseta de los jugadores. Pero el asunto generó tanta polémica, debido a que ese esponsoreo no estaba autorizado por la AFA, que rápidamente fue eliminado. Pokerstars utilizó una estrategia similar de penetración en el mercado local, pero en la camiseta de River Plate. Y también hubo polémica. Pero como la firma se presenta como una escuela gratuita de póquer, las objeciones no prosperaron.

"Es cierto que en el mercado del juego pesa mucho la cuestión generacional -analiza Wasserman, de bwin-. Pero en líneas generales formamos parte de una sociedad más tecnológica, que gusta de un juego más sofisticado. Este es un producto de nicho, pensado para un público ABC 1 y C 2. Se necesita tiempo, hay que tener banda ancha y un cierto conocimiento de la tecnología."

En su sitio web, bwin también ofrece la posibilidad de jugar al póquer, entre otros juegos de casino, así como la realización de apuestas deportivas. Esta empresa, VCApuestas y Pálpitos Deportivos son las únicas que funcionan con algún tipo de respaldo legal, al haber celebrado acuerdos con alguna lotería provincial. Sin embargo, ante la falta de una ley nacional que regule la actividad, suelen ser consideradas ilegales por buena parte de los operadores y funcionarios del sector (ver "Vacío legal y disputa política").

Distinto es el caso de la escuela de póquer Pokerstars, que en los últimos tiempos ha hecho una inversión millonaria en publicidad y esponsoreo a través de la cual convoca no sólo a aprender la variante Texas Hold´em sino también a participar en los torneos presenciales que organiza, y en los que sí circula dinero.

Podría haber otra apuesta detrás de esta estrategia. Según aseguraron fuentes del sector, que prefirieron no ser nombradas, la razón por la que Pokerstars invierte tanto dinero en su escuela gratuita de póquer -Pokerstars.net- es simple: "Con eso apuesta a que, sobre la marcha, el usuario se aburra de jugar en forma ficticia y quiera hacerlo por dinero real. Y entonces, además de los torneos presenciales, cuenta con su variante - Pokerstars.com -".

Por política de la empresa, los únicos voceros de Pokerstars son sus jugadores más experimentados. Sin embargo, LA NACION pudo saber que los usuarios argentinos tienen vedada la participación en el dominio Pokerstars.com por decisión de la propia empresa, hasta tanto existan leyes en el país que regulen el mercado de los juegos de azar virtuales. Claro que hay excepciones: si el jugador tiene una cuenta bancaria en el exterior, puede salvar todas las barreras.

El resto de los sitios web de juegos y apuestas funcionan sin ningún permiso, en algunos casos ofreciendo sus servicios en forma gratuita y con la opción de vivir la experiencia del juego apostando dinero ficticio, aunque la gran mayoría también ofrece la alternativa de jugar con dinero real. Sólo basta con tener una tarjeta de crédito para hacerlo.

En resumidas cuentas, a pesar de que se trata de una industria que mueve miles de millones en el mundo -el año pasado, el volumen de juego superó los 12.000 millones de euros a nivel global, de acuerdo con algunas estimaciones-, su desarrollo local todavía está, valga la redundancia, de alguna manera librado al azar.

El volumen de dinero que maneja la industria del juego real no es para nada menor. Fuentes del mercado estiman que en 2008 generó en la Argentina ingresos por 3400 millones de dólares. Y aunque nadie se atreve a difundir cifras de lo que ocurre en el mundo virtual, esa sola cifra nos habla de un mercado potencial muy apetecible.

 

A la espera de una ley

Otra vez, la falta de una ley específica es lo que por ahora frena las apuestas sobre el mundo virtual de algunos de los principales actores de la industria del juego real, según ellos mismos explican. Hablamos de empresas como el grupo español Codere, que opera 14 bingos en la provincia de Buenos Aires, y la firma Casino Club, de Cristóbal López, dueña, entre otras cosas, de 11 casinos y 14 salas de tragamonedas.

"Nosotros compramos la firma Tecno Acción en sociedad
con otras empresas mirando a futuro, para incursionar en la industria cuando estén dadas las condiciones en materia regulatoria. Vemos que su crecimiento es monstruoso en el mundo", señala Ricardo Benedicto, socio de López en Casino Club.

A nivel mundial, el monto jugado en forma virtual representa casi el 6 por ciento del total jugado, de acuerdo con estimaciones de la consultora internacional H2 Gambling Capital. En dos años se espera que este porcentaje trepe al 8 por ciento, aunque su techo rondaría el 10 por ciento. Es que, como afirman diferentes operadores consultados, no estamos aquí ante una misma experiencia -el juego- vivenciada en dos plataformas diferentes -la real y la virtual-, sino ante dos experiencias bien diferentes.

"No creemos que el juego sustituya necesariamente la posibilidad de juego situado en ámbitos de socialización como pueden ser las salas de entretenimiento. Tenderán a convivir pero son experiencias distintas. Si bien existe un componente generacional, asociado principalmente al uso de Internet y de la tecnología por los jóvenes, las salas de juego tradicionales siguen ofreciendo un programa de entretenimiento social, una salida con amigos, el contacto directo con otros", observa Juan Pablo Peredo, director de Relaciones Externas de Codere Argentina S.A.

La experiencia de Sara H., de 60 años, guarda relación estrecha con este análisis. Sara suele visitar casinos como una forma de pasatiempo a la que no le dedica demasiado espacio. "Me encanta la timba, mi pasión siempre fue la ruleta. Voy al casino, pero no tan seguido porque no tengo presupuesto. Entonces juego por Internet, pero un rato, porque la experiencia es otra y, al no jugar por dinero llega un punto en el que me aburro", explica esta ama de casa que se esmera en explicar que lo suyo es por pura diversión. "Nada compulsivo, eh?", acota.

Pero no siempre es lo que ocurre. Una oferta desmedida en Internet con un soporte mediático y publicitario bien amplio y aceitado puede disparar conductas compulsivas si quien está frente a la computadora es alguien vulnerable a este tipo de manipulaciones de la conducta o padece determinadas patologías de base, como depresiones o una propensión a las adicciones.

"No podemos negar el avance que ha significado Internet para la vida. Por otro lado, el juego en sí mismo no es malo. El problema es el uso que puede llegar a darle a esa oferta virtual una persona con problemas afectivos, de soledad, o que está tratando de superar su adicción al juego. Ya no hace falta ir al hipódromo, se ve la carrera por TV y se apuesta a través de la computadora o del celular. Toda esta sobreexposición funciona como una tentación para el jugador compulsivo", alerta la psiquiatra y médica legista Susana Calero.

A su entender, más allá del potencial riesgo que la sobreexposición de esta industria supone para jugadores compulsivos, el actual contexto también es riesgoso entre los más jóvenes.

"Cuanto más manejan la tecnología, más la utilizan, hasta terminar jugando al fútbol virtual. El problema es lo que dejan, que es el tiempo para la vida entre amigos o al aire libre, sobre todo si pensamos que el Estado no está haciendo prevención primaria de los riesgos del juego ", señala Calero. "Se habla mucho de las adicciones al juego real, pero a pesar de que el juego virtual está muy explotado desde las publicidades y los programas televisivos, nadie habla sobre sus riesgos", agrega Calero, que también es jefa del servicio de adicciones del hospital Alvarez y directora del Centro de Asistencia, Capacitación e Investigación de las Socioadicciones (Cacis).

Pero existen otros riesgos, que tienen que ver además con la responsabilidad de las empresas. "Con los juegos de azar en línea es más probable que los proveedores no estén en condiciones de verificar la identidad del consumidor, ya que la persona que utiliza una tarjeta de crédito u otro medio de pago puede no ser su legítima propietaria. Es más difícil supervisar a los clientes en comparación con los juegos de azar convencionales, donde es posible ver si se trata de un menor de edad, si se encuentra en estado de embriaguez, si ha consumido sustancias tóxicas o si está afectado por el juego compulsivo", señala Héctor Fontanella, director del sitio www.ZonadeAzar.com , de información sobre la industria.

Entre las diferentes conductas posibles que puede tomar el usuario frente a la diversidad de la oferta , que abarcan desde el uso como mero entretenimiento a la compulsión, la difusión del póquer trajo consigo una práctica novedosa: la del juego profesional.

Basta una recorrida más o menos superficial por los sitios relacionados con este juego para encontrarnos con una considerable cantidad de jugadores que se autoproclaman profesionales. De hecho, Pokerstars cuenta con su Team Pro, integrado por jugadores de diferentes países que realizan giras, participan de campeonatos e intentan cambiar la forma tradicional de mirar al póquer.

Absolutamente contrarios a aceptar que el póquer sea considerado un juego de azar, estos jugadores pueden llegar a admitir que se lo considere un juego de habilidad. Aunque prefieren llamarlo deporte. "El deporte es toda actividad que se caracteriza por tener requerimiento físico, agudeza mental o equipamiento. Requiere además estar institucionalizado a través de clubes o federaciones, exigir competencia con uno mismo o con otros y contar con un conjunto de reglas definidas y conocidas por todos. El póquer cuenta con todos estos requisitos. Es claro que también tiene una cuota de azar. Pero ¿qué deporte no la tiene?", argumenta Leo Fernández, integrante argentino del Team Pro.

Ya sea vivida como profesión, entretenimiento o compulsión, la experiencia del juego , motorizada por una industria millonaria, se expande en el país librada a su suerte. El Estado, por ahora, mira con cara de póquer.

 

Vacío legal y disputa política

En nuestro país, la potestad del juego pertenece a cada provincia. Paralelamente, la ley 25.295 concentra en la Lotería Nacional la facultad de comercializar apuestas deportivas a nivel federal. Pero esta distribución de atribuciones es totalmente inaplicable en el mundo virtual.

Es que cada casino, bingo o lotería paga impuestos en la jurisdicción a la que pertenece y en donde se realizan las apuestas. Pero Internet no tiene fronteras. Esto permite que un usuario de la provincia de Buenos Aires esté en condiciones de operar en un sitio que ofrece apuestas deportivas desde la provincia de Misiones, como es el caso de los sitios bwin y Victor Chandler. Pálpitos deportivos, en cambio, lo hace desde Tucumán.

"Nosotros estamos dispuestos a pagar a las demás jurisdicciones las apuestas que las empresas reciban de cada una de ellas. Entendemos que algunas loterías lo están analizando", afirma Adolfo Safrán, presidente del Instituto de la Lotería de Misiones.

Aunque hasta el momento la posición de Lotería Nacional y de la Asociación de Loterías Casinos y Quinielas de Argentina es contraria a la actividad, a la que consideran una moderna modalidad de juego clandestino, fuentes confiables aseguran que otras loterías provinciales, como la de Santa Fe, la de Chaco y la de Córdoba, así como algunos directivos de la Lotería de la Provincia de Buenos Aires, estarían analizando permitir la actividad y obtener así una nueva fuente de ingresos.

El debate por la legalidad ya ha ingresado al ámbito legislativo. Pero mientras en la provincia de Buenos Aires el diputado por la Coalición Cívica Walter Martello presentó un proyecto para prohibir la actividad en esa jurisdicción, el senador nacional por la provincia de Misiones Eduardo Torres trabaja en otra para habilitarlo.

"Debe haber una ley marco a la que adhieran todas las provincias; que contemple, entre otros puntos, la necesidad de que las empresas tengan una cara territorial, una tributación alta, y generen empleo. Cualquier postura antijuego alienta el juego clandestino y la salida de divisas sin control estatal", analiza Juan José Marc, ex funcionario de la Lotería de la Provincia de Buenos Aires y hoy consultor internacional en juegos de azar .

Mientras tanto, las empresas del sector aguardan. "Nosotros podríamos haber conseguido alguna licencia provincial para empezar a operar. Pero preferimos esperar un contexto más propicio -asegura Ricardo Benedicto, de Casino Club-. Es un mercado con mucho potencial, pero también es mucha la inversión en juego".


 

 

Fuente: Diario la Nación

 

 


 
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