El Juego Clandestino En Cuba, Un Gran Negocio

Luego de que en 1959, Fidel Castro aboliera los juegos de apuestas y los casinos, comenzaron a surgir los establecimientos ilegales de juego. Los cubanos llaman  “bancos de bolitas” a las casas de lotería y “burles” a los pequeños casinos ilegales. Ambos constituyen un gran negocio para el archipiélago.

En los años previos a que Fidel Castro prohibiera las loterías y los casinos, los cubanos eran apasionados de ambos juegos de azar. Los billetes de lotería se podían comprar en las esquinas de las calles o en muchas casas, siendo la más interesada, la población de zonas más humildes, que apostaban confiando en poder cambiar su suerte y vivir más dignamente.

Sin embargo, y entre tantas otras prohibiciones, Castro se encargó de iniciar su cruzada contra los juegos de apuestas, enviando personas a asaltar a los casinos que terminaron destrozados. A partir de ese momento, Cuba no sólo no dejó de jugar y apostar sino que al contrario, encontró la manera de hacerlo a espaldas de las normas impuestas.

Fue así como los boliteros y los burles proliferaron en un país que continuó viendo en las apuestas una salida a su cruda realidad, a pesar de las sanciones penales que hasta el día de hoy siguen vigentes para las personas que apuesten, con penas de entre tres y siete años.

En el 2013, los "bancos de bolita" están más presentes que nunca dado que comparado con los años '80 la policía se relajó y concentra su atención en otras preocupaciones.

Un habitante de La Habana dueño de un banco de bolita,
cuenta que para armar uno, es necesario contar con al menos 200 mil pesos cubanos. Un banco debe tener entre cuatro y ocho "listeros", que son los encargados de recoger las apuestas, que van desde 800 a 1.000 pesos cubanos, y debe contar además con un "colector", quien revisa las listas que entregan los listeros y verifica si a determinados números se ha apostado demasiado dinero.

Un banco puede llegar a pagar entre 90 y 100 pesos si el jugador acierta un número fijo, 25 o 30 pesos por números corridos y 800 o 1.000 pesos por acertar dos números, validando los resultados con la lotería de Miami.

Los "burles", pequeños casinos ilegales, funcionan en viviendas particulares que ofrecen dos o tres mesas en las que se juega "longana", una variante del dominó, bacará, naipes y dados.

Los "burliches" son los jugadores cubanos que por lo general, son personas que viven del mercado negro, marginados, funcionarios corruptos o ludópatas.

Las peleas de gallos y las peleas de perros, también cosechan una multitud de adeptos y por sobre todo, mucho dinero. 


 

 

Fuente:www.diariolasamericas.com

 

 


 

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