Las Vegas: Vender Sueños Por Dinero

Un artículo de la autoría de Mario Maldonado para el portal mexicano Milenio, analiza La Ciudad del Pecado desde la perspectiva de dos imágenes bien distintas. La primera, toma a la ciudad de Nevada desde su rentabilidad económica y su estrategia comercial. La segunda, la ve como una bola de ruidos y colores dentro de la cual algunos latinoamericanos buscan ganarse la vida.

Toma Uno
Por estos días de abril el viento de Las Vegas sopla fuerte día y noche. A veces, tan fuerte como para no permitir a los turistas caminar tranquilamente por el Strip o el Downtown de esta ciudad enclavada en medio del desierto.

Ya decía yo que era un extravagancia recorrer la "Ciudad del Pecado" en plena Semana Santa, aunque, ya se sabe: en este pedazo del desierto de Nevada o es el infierno de 40-45 grados o el viento helado de invierno. No hay más.

Pese a todo, ahí estaba Las Vegas, como siempre: repleta de luces y sueños. Bien decía Sam Rothstein, el mafioso judío que interpreta Robert De Niro en el Casino de Martin Scorsese: "¿Quién puede resistirse? Las Vegas es el lugar para vender a la gente sueños por dinero".

Y eso es lo que mejor saben hacer los casinos que se desparraman por Las Vegas Boulevard y sus alrededores: vender quimeras por cientos, miles, millones o miles de millones de dólares.

Hace apenas un par de meses, la cadena Caesar's Entertainment, que posee y opera más de 50 casinos y hoteles, así como campos de golf en ciudades como Las Vegas, Atlantic City o Lake Tahoe, colocó parte de su capital en el NASDAQ Stock Exchange de Nueva York.

Esta compañía, con sede en Nevada, se jacta de ser la mayor compañía de juegos de azar en el mundo, con ingresos anuales de casi 9 mil millones de dólares, según su reporte de 2011. De acuerdo con este documento, el año pasado, esta cadena propietaria del suntuoso Caesar's Palace y el París de Las Vegas, generó ingresos por 8 mil 835 millones de dólares, de los cuales, 75 por ciento provinieron de las apuestas en los casinos. El otro 25 por ciento lo obtuvo de hospedaje, venta de alimentos y bebidas, y otros.

Ha de ser por eso que las habitaciones del Caesar's Palace, el Venetian, el Mirage o el Bellagio no alcanzan precios estratosféricos como hoteles similares en ciudades como Nueva York o Miami. El negocio en Las Vegas es, 75 por ciento, el gambling.

Quizá también por esto es más común ver a personas aferradas a las máquinas tragamonedas o las mesas de blackjack (por horas o días) que en las albercas, los restaurantes, los bares o los espectáculos de la ciudad. Ahí están siempre, en los casinos, ganando poco o perdiendo
mucho. Casi siempre la segunda.

Toma Dos

Las Vegas, como muchas otras ciudades de Estados Unidos, son refugio de miles de mexicanos y latinos que se ganan la vida despachando comida en los food courts, limpiando hoteles, restaurantes o centros comerciales, construyéndolos y remodelándolos, o entregando propaganda en las calles.

José es uno de ellos. Viaja a mi lado en el autobús que recorre el Strip de Las Vegas de norte a sur. Dice que tiene 30 años viviendo en Estados Unidos desde que dejó su natal Durango.

De primera impresión, José, quien debe tener 60 años o más, luce como un hombre al que la vida se le ha resignado. Revestido en un uniforme verdusco roído por los años, con su nombre de pila estampado en el pecho y una gorra negra que le cubre casi toda la cabeza, José se ensimisma en el asiento del autobús como si quisiera desaparecer.

-¿Cómo le va?, ¿cuántos años lleva viviendo aquí?, -le pregunto, ilusamente, creyendo que una charla con un paisano podría alegrarle el día.

-Como 30, -me responde en un tono tan bajo como si se les estuviera acabando la voz.

-¿En Las Vegas?

-No, en Estados Unidos.

-¿De dónde es?

-De Durango

-¿Y le gusta vivir aquí?

José no responde. Quiero pensar que no me escuchó, que iba tan sumido en sus pensamientos que prefirió no seguirme escuchando. Lo dejo, no lo inoportuno más y lo miro bajar en la parada del Stratosphere, el hotel y casino que está casi al final del Strip. 

No sé si José es el mejor ejemplo de mexicanos en Las Vegas o si su desdén sea parte del hartazgo que viven todos o la mayoría de los trabajadores de esta ciudad al encontrarse siempre con lo mismo: mucha gente, luces, ruido, calor, frío, droga, casinos y alcohol.

Lo cierto es que José forma parte de las miles de personas que van a Las Vegas en busca de sueños y dinero, como decía Rothstein. Esa regla no cambia.


 

 

Fuente:www.milenio.com

 

 


 

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