Discrecionalidad, La Palabra Que Resume El Caso Ivisa En Tucumán

Una nota de opinión firmada por Fernando Stanich para el diario La Gaceta de Tucumán, analiza brevemente el panorama en relación al vínculo Ivisa-Alperovichismo y cuestiona: ¿Por qué esa empresa y no otra?

El escándalo Ivisa dejó desnudo al alperovichismo. En realidad, la particular relación entre la empresa y el Gobierno es la síntesis de un estilo de gestión en la que todo el Estado es reducido a lo que quiere, cuando quiere y como quiere una sola persona. 

Desde el día en que La Gaceta difundió los préstamos que la Caja Popular de Ahorros dio a la firma que explota juegos de azar en el Casino, la preocupación oficial no fue explicar por qué la empresa recibía tan buen trato por parte del Estado. Por el contrario, en la Casa de Gobierno se lanzó una caza de brujas para saber quién había filtrado la información. El único interés estuvo puesto en identificar al "traidor". 

Este diario dio cuenta que Ivisa recibió en 2006 la concesión directa de 150 tragamonedas y que, entre 2005 y 2010, la Caja incluso le prestó más plata que la que -según se dijo aquella vez- había invertido la empresa para remozar el Casino. Pero la única que quiso dar explicaciones fue, curiosamente, Ivisa. Alperovich, ante una consulta y con rezongo, sólo atinó a repreguntar "cuál era el problema" y a aclarar que la firma viene devolviendo ese dinero. 

Discrecionalidad. Esa es la palabra que resume el caso Ivisa. ¿Por qué esa empresa como beneficiaria de unos $13 millones y no cualquier otra? En el Gobierno esquivan la respuesta y aseguran que fue un negocio redondo para la Caja Popular: prestó dinero a una tasa de interés del 23% a un cliente cautivo. "En los '90 volcaron la Caja con préstamos a insolventes", añaden. De nuevo, ¿por qué esa empresa y no otra? No hay respuesta. 

En una semana, es probable que Ivisa reciba otro abrazo del Estado, porque la Legislatura aprobará una ley que le entrega por 50 años la explotación de un hotel en el derruido ex Savoy. Para la empresa, que no se hará cargo del Casino
(comparte los gastos con la Caja Popular) pero usufructúa 150 maquinitas en el mismo lugar, el negocio es "un clavo", dicen en el Gobierno. Claro que, cuando La Gaceta adelantó que la Caja también le extendería el permiso para explotar esas tragamonedas hasta 2062 (vence en 2025), el grito en el cielo estuvo puesto en saber quién había osado contar la letra chica del acuerdo. Paradójicamente, para Ivisa será un mal negocio... porque tendrá hotel y maquinitas en el corazón de la ciudad, y no se hará cargo de los sueldos de los 180 empleados del Casino. 

Haciendo dedo 

Cada vez que Alperovich está aturdido, se va del país. Y lleva a los mismos: Jorge Gassenbauer, Sergio Mansilla y Osvaldo Jaldo, y a sus respectivas esposas. La diferencia de este viaje a Nueva York es que por primera vez Beatriz Rojkés lo hará como tercera autoridad del país y primera candidata a sucederlo en 2015. 

Antes de irse, Alperovich volvió a imprimir su sello. Les había dado vía libre a los empresarios para que suban el precio del cospel. Los concejales ya tenían la mano levantada y hasta el intendente, Domingo Amaya, estaba listo para promulgar la suba (en un hecho inédito, porque hubiese sido la primera vez). Pero no. De un sopetón le pidió al obediente concejal Ramón Santiago Cano que desactive el cospelazo porque "no era momento". Amaya ni siquiera estaba al tanto de que se había abortado la misión: se enteró varias horas después. En la Casa de Gobierno hasta se burlan porque cuando por fin el intendente iba a firmar una medida antipopular, el propio Alperovich se lo impide. 

Ese es el problema cuando las decisiones las toma cuando quiere, como quiere y porque quiere, una sola persona. El resto queda tan expuesto que, generalmente, no tiene respuestas. Y, al final, siempre acaba desnudo.


 

 


 
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