Bajo El Paraguas De La Suerte

poore.pngPor Federico Poore*

El aplastante triunfo electoral en las primarias abiertas de la Ciudad de Buenos Aires de Horacio Rodríguez Larreta, principal exponente del macrismo puro y duro, es también el triunfo del status quo en materia de juego en territorio porteño.

Verdad de perogullo: la continuidad de cualquier oficialismo en el gobierno suele garantizar similares, sino idénticas, reglas de juego para los empresarios ya instalados. Pero este domingo, Larreta no sólo quedó al borde del sillón de Bolívar 1 (o deberíamos decir, Uspallata 3160) sino que en el mismo movimiento aniquiló las aspiraciones de la senadora Gabriela Michetti, quien semanas atrás había lanzado la explosiva propuesta de ponerle "absoluta restricción al juego" en la ciudad autónoma.

"Lo que quiero con el juego es achicarlo. Cuando era chiquita el juego era ir a Mar del Plata, y mamá y papá iban una noche a jugar. Y nos decían: si ganamos, les compramos un suéter. Pero de ahí a lo que es hoy es una barbaridad", exclamó Michetti en una entrevista con el diario Perfil, dejando en claro que su veta de origen socialcristiana no era apenas un estilo diferente al de Mauricio Macri sino que también podía influir en sus políticas.

Aquellas promesas cayeron en saco roto. La ex vicejefa de gobierno perdió en las quince comunas y este martes se comprometió a apoyar la candidatura su antiguo rival, por lo que las diferencias expresadas a lo largo de los últimos meses se pueden considerar saldadas. El que pierde, acompaña: el 47 por ciento de los votos pertenecen a la fuerza política que gobierna el distrito*. Mientras tanto, los siete candidatos del Frente para la Victoria, partido que en diciembre de 2013 convalidó la adenda al convenio del juego impulsada por Cristian Ritondo en la Legislatura (que le condonó a Casino Club unos 2.000 millones de pesos en concepto de Ingresos Brutos), arañó el 18 por ciento.

En otras palabras, el Partido del Juego (PdJ), metamórfosis porteña del Partido del Orden magistralmente descrito en El 18 brumario de Luis Bonaparte, obtuvo dos de cada tres votos en las PASO porteñas.

(Se dirá que María Graciela Ocaña, ex integrante de Confianza Pública, partido del ex líder del sindicato de trabajadores del juego Daniel Amoroso, también debería engrosar las listas del PdJ, pero su 4.1 por ciento probablemente termine en la boleta de Martín Lousteau el 5 de julio. Lo dicho: el que pierde, acompaña**).

Todo lo cual nos deja con el enigma ECO.

En más de una ocasión, Lousteau habló en contra del control de las máquinas tragamonedas ubicadas en el Hipódromo de Palermo, que opera la dupla Cristóbal López-Federico de Achával. En enero de 2014, el ex ministro de Economía firmó una columna para La Nación (que el matutino sólo publicó en su página web) donde argumentó que estos slots tributaban en base a una recaudación de apenas 1.200 pesos por día, "lo mismo que se consigue en [el bingo] Los Polvorines".

Fernando Sánchez, compañero de fórmula de Lousteau y uno de los especialistas en la materia, denunció graves irregularidades en la fiscalización de los ingresos del Hipódromo y de los Casinos Flotantes de Puerto Madero, estos últimos operados a dúo por López y la empresa española Cirsa. Su argumento, así como el de su aliada Paula Oliveto Lago, es que el gobierno porteño viola el Artículo 50 de la Constitución que obliga a la Ciudad a "regula[r], administra[r] y explota[r] los juegos de azar" dado que el control, en los práctica, no lo ejerce el Instituto del Juego sino Lotería Nacional.

"La Ciudad tiene una pseudo-coparticipación, que entra como compensación (a que el juego lo maneja Nación)", le dijo a este cronista el senador Diego Santilli. Sin embargo, desde ECO argumentan que tanto el convenio Kirchner-Ibarra (a partir del cual la ciudad comenzó a percibir el 30% de lo recaudado por Lotería en el distrito) o el Ritondo-Cabandié (que elevó la cifra al 50%, pero con el consabido megaperdón fiscal) son insuficientes. La Ciudad, sostienen, necesita cobrar el ciento por ciento de los ingresos del juego, no solo un canon; además, debe ejercer un control directo, no mediado, sobre las ganancias brutas de los empresarios.

¿Se animarán estos dirigentes, hoy amadrinados por Elisa Carrió, a meter el tema en la agenda a pesar del acuerdo electoral entre Carrió y Macri? ¿O se convertirán, ellos también, en víctimas de la espiral del silencio política y mediática que se está imponiendo en torno al tema? ¿Es cierto, como dice un operador bonaerense de la octava sección, que el juego "no le interesa a la gente, y a los que le interesa les interesa porque son jugadores", con lo cual proponer mayores y mejores controles "no garpa electoralmente"?

Tal vez convenga insistir que ningún político mainstream del país ha propuesto prohibir el juego, aunque la ignorancia en torno al tema hace que algunas figuras se apoyen más en frases moralistas que en datos duros. Pero perfeccionar los controles, transparentar las adjudicaciones y limitar el alcance del fenómeno es algo que están empezando a pedir hasta los propios empresarios.

Algunos, claro.

Notas:

* Y un dato que pocos recuerdan: la lista única de legisladores, aprobada en febrero tanto por Larreta como por Michetti, aparece plagada de representantes del juego.

** Días antes de las PASO, tal vez como un intento de despegarse de su marca de origen, Ocaña se desvinculó del sello Confianza Pública, lo que motivó fuertes quejas de los dirigentes locales de esa fuerza.


 

 

*Periodista. Coautor junto a Ramón Indart de El poder del juego. El gran negocio de la política argentina (Aguilar, 2014)

 

 


 

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